Jeremías 13
La Biblia de Nuestro Pueblo (1995) ›1El Señor me ordenó: –Ve, cómprate un cinturón de lino y póntelo a la cintura; que no lo toque el agua.
2Según la orden del Señor, me compré el cinturón y me lo puse a la cintura.
3El Señor me ordenó de nuevo:
4–Toma el cinturón comprado, que llevas ceñido, ve al río Éufrates y escóndelo allí en las hendiduras de una roca.
5Fui y lo escondí en el Éufrates, según la orden del Señor.
6Pasados muchos días, me ordenó el Señor: –Ve al Éufrates y recoge el cinturón que te mandé esconder.
7Fui al Éufrates, cavé donde lo había escondido y recogí el cinturón: estaba gastado e inservible.
8Entonces el Señor me dirigió la palabra:
9–Así dice el Señor: De la misma manera destruiré el orgullo de Judá y el orgullo desmedido de Jerusalén,
10de ese pueblo que se niega a obedecerme, que sigue los impulsos de su corazón endurecido, que va detrás de dioses extranjeros y les rinde adoración. Serán como ese cinturón inservible.
11Como se adhiere el cinturón a la cintura del hombre, así me ceñí a judíos e israelitas para que fueran mi pueblo, mi fama, mi gloria y mi honor –oráculo del Señor–. Pero no obedecieron.
12Les dirás lo siguiente: Así dice el Señor, Dios de Israel: Las vasijas se llenan de vino; te contestarán: Como si no supiéramos que las vasijas se llenan de vino.
13Les replicarás: Así dice el Señor: Yo mismo llenaré de embriaguez a todos los habitantes del país, a los reyes que se sientan en el trono de David, a sacerdotes y profetas y a todos los vecinos de Jerusalén.
14Los haré chocar unos con otros, padres con hijos –oráculo del Señor–; ni piedad, ni perdón, ni compasión me impedirán destruirlos.
15Escuchen, atiendan, y no sean soberbios, que habla el Señor:
16Den gloria al Señor, su Dios, antes de que oscurezca, antes de que tropiecen sus pies por los montes y a media luz, y convierta en densas tinieblas la luz que ustedes esperan.
17Y si no escuchan, lloraré a escondidas por la soberbia de ustedes, mis ojos se desharán en lágrimas, cuando se lleven el rebaño del Señor.
18Di al rey y a la reina madre: siéntense en el suelo, porque se les ha caído de la cabeza la corona real.
19Los poblados del Negueb están cercados, nadie rompe el cerco, todo Judá marcha al destierro, al destierro sin faltar uno.
20Levanta la vista y míralos venir por el norte: ¿dónde está el rebaño que te encomendaron?
21¿Qué dirás cuando te falte lo mejor de tus ovejas, los que habías educado para gobernarte? ¿No sentirás dolores como la parturienta?
22Y si preguntas por qué te sucede todo eso, por tus muchas culpas te levantan las faldas y te violentan los tobillos.
23¿Puede un etíope mudar de piel o una pantera de pelaje? Igual ustedes: ¿podrían hacer el bien, habituados como están a hacer el mal?
24Los dispersaré como paja que se lleva el viento del desierto.
25Ésta es tu suerte, mi paga por tu rebelión –oráculo del Señor–, porque me olvidaste confiando en la mentira,
26también yo te alzaré las faldas por delante, y se verá tu vergüenza,
27tus adulterios, tus relinchos, tus pensamientos de fornicación. Sobre las colinas del campo he visto tus repugnantes ídolos. ¡Ay de ti, Jerusalén, que no te purificas! ¿Hasta cuándo seguirás así?