Isaías 2
La Biblia de Nuestro Pueblo (1995) ›1Visión de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y de Jerusalén:
2Al final de los tiempos estará firme el monte de la casa del Señor, sobresaliendo entre los montes, encumbrado sobre las montañas. Hacia él confluirán las naciones,
3caminarán pueblos numerosos. Dirán: Vengan, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob: él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas, porque de Sión saldrá la ley; de Jerusalén, la Palabra del Señor.
4Será el árbitro entre las naciones, el juez de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados; de las lanzas, hoces. No alzará la espada pueblo contra pueblo, ya no se adiestrarán para la guerra.
5Casa de Jacob, ven, caminemos a la luz del Señor.
6Has desechado a tu pueblo, a la casa de Jacob, porque está llena de adivinos de oriente, de astrólogos filisteos, y han pactado con extraños.
7Su país está lleno de plata y oro, y sus tesoros no tienen número; su país está lleno de caballos, y sus carros no tienen número;
8su país está lleno de ídolos, y se postran ante las obras de sus manos, hechas con sus dedos.
9Pero el mortal será doblegado, será humillado el hombre y no podrá levantarse.
10Métete entre las rocas, escóndete en el polvo, ante el Señor terrible, ante su majestad sublime.
11Los ojos orgullosos serán humillados, será doblegada la arrogancia humana; sólo el Señor será ensalzado aqueldía,
12que es el día del Señor Todopoderoso: contra todo lo orgulloso y arrogante, contra todo lo alto y engreído,
13contra todos los cedros del Líbano, contra todas las encinas de Basán,
14contra todos los montes elevados, contra todas las colinas encumbradas,
15contra todas las altas torres, contra todas las murallas fortificadas,
16contra todas las naves de Tarsis, contra todos los navíos opulentos:
17será doblegado el orgullo del hombre, será humillada la arrogancia humana; sólo el Señor será ensalzado aquel día,
18y todos los ídolos desaparecerán.
19Métanse en las cuevas de las rocas, en las grietas de la tierra, ante el Señor terrible, ante su majestad sublime, cuando él se levante para llenar la tierra de espanto.
20Aquel día el hombre arrojará sus ídolos de plata; sus ídolos de oro –que se hizo para postrarse ante ellos–, a los ratones y a los murciélagos;
21y se meterá en huecos de las rocas y en las hendiduras de las piedras. Ante el Señor terrible, ante su majestad sublime, cuando se levante llenando la tierra de espanto.
22Dejen de confiar en el hombre que solo tiene un soplo de vida en la nariz: ¿Para qué estimarlo tanto?