Ezequiel 12
La Biblia de Nuestro Pueblo (1995) ›1Me dirigió la palabra el Señor:
2–Hijo de hombre, vives en medio de un pueblo rebelde: tienen ojos para ver, y no ven; tienen oídos para oír, y no oyen; porque son un pueblo rebelde.
3Tú, Hijo de hombre, prepara el equipaje del destierro y emigra a la luz del día, a la vista de todos; a la vista de todos emigra a otro lugar, a ver si lo ven; porque son un pueblo rebelde.
4Saca tu equipaje, como quien va al destierro, a la luz del día, a la vista de todos, y tú sal al atardecer, a la vista de todos, como quien va al destierro.
5A la vista de todos abre un boquete en el muro y saca por allí tu equipaje.
6Cárgate al hombro tu equipaje, a la vista de todos sácalo en la oscuridad; tápate la cara, para no ver la tierra, porque hago de ti una señal para la casa de Israel.
7Yo hice lo que me mandó: saqué mi equipaje como quien va al destierro, a la luz del día; al atardecer abrí un boquete en el muro, lo saqué en la oscuridad, me cargué al hombro mi equipaje, a la vista de todos.
8A la mañana siguiente me dirigió la palabra el Señor:
9–Hijo de hombre, ¿no te ha preguntado la casa de Israel, el pueblo rebelde, qué es lo que hacías?
10Pues respóndeles: Esto dice el Señor: Este oráculo contra Jerusalén va por el príncipe y por toda la casa de Israel que vive allí.
11Di: Soy señal para ustedes; lo que yo he hecho se lo harán ellos: irán –cautivos–al destierro.
12El príncipe que vive entre ellos se cargará al hombro el equipaje, abrirá un boquete en el muro para sacarlo, lo sacará en la oscuridad y se tapará la cara para que no lo reconozcan.
13Pero tenderé mi red sobre él y lo cazaré en mi trampa; lo llevaré a Babilonia, país de los caldeos, donde morirá sin poder verla.
14A su escolta y a su ejército los dispersaré a todos los vientos y los perseguiré con la espada desnuda.
15Y sabrán que yo soy el Señor cuando los desparrame por los pueblos y los disperse por los territorios.
16Pero dejaré a unos pocos, supervivientes de la espada, del hambre y de la peste, para que cuenten sus prácticas idolátricas por los pueblos adonde vayan, y sepan que yo soy el Señor.
17Me dirigió la palabra el Señor:
18–Hijo de hombre, come el pan con estremecimiento, bebe el agua con temblor y susto.
19Para los terratenientes dirás: Esto dice el Señor a los que habitan en Jerusalén en la tierra de Israel: Comerán el pan con susto, beberán el agua con miedo, porque devastarán y despoblarán su país por las violencias de sus habitantes;
20arrasarán las ciudades habitadas y el país quedará desolado, y sabrán que yo soy el Señor.
21Me dirigió la palabra el Señor:
22–Hijo de hombre, ¿qué significa ese refrán que dicen en la tierra de Israel: Pasan días y días y no se cumple la visión?
23Pues diles: Esto dice el Señor: Acabaré con ese refrán y no volverán a repetirlo en Israel. Diles tú este otro: Ya está llegando el día en que se cumplirá la visión.
24Porque ya no habrá visiones vanas ni vaticinios engañosos en la casa de Israel.
25Porque yo, el Señor, diré lo que tenga que decir, y lo que diga se hará, no se retrasará más; sino que en sus días, pueblo rebelde, lo diré y lo haré –oráculo del Señor–.
26Me dirigió la palabra el Señor:
27–Hijo de hombre, mira lo que anda diciendo la casa de Israel: Las visiones de éste van para largo, a largo plazo profetiza.
28Diles: Esto dice el Señor: No se retrasarán más mis palabras; lo que diga lo haré –oráculo del Señor–.