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Ezequiel 11

La Biblia de Nuestro Pueblo (1995)

1Me arrebató el espíritu y me llevó por los aires a la puerta oriental de la casa del Señor la que mira al este; allí, junto a la puerta, había veinticinco hombres, entre los que distinguí a Jazanías, hijo de Azur, y a Palatías, hijo de Banías, jefes del pueblo.

2El Señor me dijo: –Hijo de hombre, ésos son los que en esta ciudad maquinan maldades y planean crímenes.

3Andan diciendo: Pronto reconstruiremos las casas: la ciudad es la olla y nosotros la carne.

4Por tanto, profetiza contra ellos, profetiza, Hijo de hombre.

5Bajó sobre mí el Espíritu del Señor y me dijo: –Di: Esto dice el Señor: Eso piensan ustedes, casa de Israel; yo conozco sus pensamientos.

6Han multiplicado sus víctimas en esta ciudad, han llenado de víctimas sus calles.

7Por tanto, esto dice el Señor: La ciudad es la olla, de la que los sacaré a ustedes, y sus víctimas son la carne.

8Temen la espada: Pues mandaré la espada contra ustedes –oráculo del Señor–.

9Los sacaré de la ciudad, los entregaré en poder de bárbaros y haré justicia en ustedes.

10Los juzgaré en la frontera de Israel, caerán a espada y sabrán que yo soy el Señor.

11No será ya su olla ni ustedes la carne: los juzgaré en la frontera de Israel.

12Y sabrán que yo soy el Señor, cuyas leyes no han seguido, cuyos mandatos no han cumplido, sino que han imitado las costumbres de los pueblos vecinos.

13Mientras yo profetizaba, cayó muerto Palatías, hijo de Banías; entonces caí rostro en tierra y rompí a gritar, diciendo: –¡Ay, Señor, vas a aniquilar al resto de Israel!

14Me vino esta Palabra del Señor:

15–Hijo de hombre, los habitantes de Jerusalén dicen de tus hermanos, compañeros tuyos de exilio, y de la casa de Israel toda entera: Ellos se han alejado del Señor, a nosotros nos toca poseer la tierra.

16Por tanto, di: Esto dice el Señor: Cierto, los llevé a pueblos lejanos, los dispersé por los países y fui para ellos un santuario pasajero en los países adonde fueron.

17Por tanto, di: Esto dice el Señor: Los reuniré de entre los pueblos, los recogeré de los países en los que están dispersos y les daré la tierra de Israel.

18Entrarán y quitarán de ella todos sus ídolos y prácticas idolátricas.

19Les daré un corazón íntegro e infundiré en ellos un espíritu nuevo: les arrancaré el corazón de piedra y les daré un corazón de carne,

20para que sigan mis leyes y pongan por obra mis mandatos; serán mi pueblo y yo seré su Dios.

21Pero si el corazón se les va tras sus ídolos y prácticas idolátricas, les daré su merecido –oráculo del Señor–.

22Los querubines levantaron las alas sin separarse de las ruedas; mientras tanto, la gloria del Dios de Israel sobresalía por encima de ellos.

23La gloria del Señor se elevó sobre la ciudad y se detuvo en el monte, al oriente de la ciudad.

24Entonces el espíritu me arrebató y me llevó por los aires al destierro de Babilonia, en éxtasis; la visión desapareció.

25Y yo les conté a los desterrados lo que el Señor me había revelado.

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