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Eclesiástico (Sirácide) 33

La Biblia de Nuestro Pueblo (1995)

1El que teme al Señor no sufrirá desgracias, sino que saldrá salvo de la prueba.

2El que odia la ley no llega a sabio, será como barco sacudido por la tempestad:

3el hombre prudente entiende la Palabra del Señor y su consejo es de fiar como un oráculo.

4Ordena tus asuntos antes de realizarlos y arregla la casa antes de habitarla.

5Rueda de carro es la mente del necio, aro que gira sus pensamientos.

6Amigo antipático es como caballo en celo, que relincha bajo cualquier jinete.

7¿Por qué un día es distinto de otro día, si todos repiten la luz del sol?

8La sabiduría de Dios los distinguió y estableció entre ellos días festivos;

9bendijo uno de ellos y lo santificó, a los demás los hizo días ordinarios.

10Todos los hombres son piezas de barro, pues de arcilla fue creado el hombre;

11pero la sabiduría de Dios los distingue, los hizo habitar la tierra e hizo diferentes sus destinos.

12A unos los bendice y exalta, a unos los consagra y acerca a sí; a otros los maldice y humilla y los arroja de sus puestos.

13Como está el barro en mano del alfarero, que lo maneja a su voluntad, así está el hombre en manos de su Creador, que le asigna un puesto en su presencia.

14Frente al mal está el bien, frente a la vida la muerte, frente al honrado el malvado, frente a la luz las tinieblas.

15Contempla las obras de Dios: todas de dos en dos, una corresponde a otra.

16Yo, el último, me mantuve alerta como quien recoge detrás de los viñadores;

17madrugué con la bendición del Señor, y como cosechero llené mi lagar.

18Miren que no he trabajado para mí solo, sino para todos los que buscan sabiduría. 19 Escúchenme, jefes de un pueblo noble; pongan atención los que gobiernan la asamblea. a Ni a hijo ni a mujer, ni a amigo ni a vecino des poder sobre tu vida mientras vivas; 21 mientras vivas y respires no te sometas a nadie; no entregues lo tuyo a otro, no sea que te arrepientas y tengas que suplicarle, 22 mejor es que tus hijos te supliquen que estar tú dependiendo de ellos. 23 Sé dueño de todos tus asuntos, y que no caiga mancha en tu reputación. 24 Cuando se cumpla el número de tus breves días, el día de la muerte, repartirás tu herencia. Al asno, pasto, látigo y carga; al criado, disciplina y trabajo; 26 haz trabajar a tu servidor y encontrarás descanso, si alza la cabeza, te traicionará; 28 hazlo trabajar para que no se rebele, 29 porque la pereza trae mucha malicia; 27 con yugo y riendas se doblega el cuello, 30 al servidor malo cárgalo de cadenas. Pero no te excedas con ningún hombre ni hagas nada injustamente. 31 Si tienes un solo servidor, trátalo como a ti mismo, pues lo has comprado a precio de sangre; si tienes un solo servidor, considéralo un hermano, no tengas celos de tu propia sangre. 32 Si lo maltratas, se escapará y lo perderás, ¿por qué camino podrás encontrarlo?

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