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Daniel 14

La Biblia de Nuestro Pueblo (1995)

1El rey Astiages fue sepultado en el sepulcro familiar y le sucedió en el trono Ciro, el persa.

2Daniel vivía con el rey, más honrado que sus demás amigos.

3Tenían los babilonios un ídolo llamado Bel; cada día le llevaban medio quintal de sémola, cuarenta ovejas y ciento treinta litros de vino.

4También el rey lo veneraba y acudía todos los días a adorarlo, mientras que Daniel adoraba a su Dios.

5El rey le preguntó: –¿Por qué no adoras a Bel? Contestó: –Porque yo no venero a dioses de fabricación humana, sino al Dios vivo, creador de cielo y tierra y dueño de todos los vivientes.

6El rey le contestó: –Entonces, ¿no crees que Bel es un dios vivo? ¿No ves todo lo que come y bebe a diario?

7Daniel repuso sonriendo: –No te engañes, majestad. Ése es de barro por dentro y de bronce por fuera y jamás ha comido ni bebido.

8El rey se enfadó, llamó a sus sacerdotes y les dijo: –Si no me dicen quién se come esos alimentos morirán. Pero si demuestran que es Bel quién los come, Daniel morirá por haber blasfemado contra Bel.

9Daniel dijo al rey: –Que se cumpla lo que has dicho.

10Los sacerdotes de Bel eran setenta, sin contar mujeres y niños. El rey se dirigió con Daniel al templo de Bel.

11Los sacerdotes de Bel le dijeron: –Nosotros saldremos fuera. Tú, majestad, trae la comida, mezcla el vino y acércalo, después cierra la puerta y séllala con tu anillo.

12Mañana temprano volverás; si descubres que Bel no ha consumido todo, moriremos nosotros; en caso contrario, morirá Daniel por habernos calumniado.

13–Lo decían muy seguros, porque habían hecho debajo de la mesa un pasadizo oculto por donde entraban siempre a comer las ofrendas–.

14Cuando salieron ellos, el rey acercó la comida a Bel. Daniel mandó a sus criados que trajeran ceniza y la esparcieran por todo el templo, en presencia sólo del rey. Salieron, cerraron la puerta, la sellaron con el anillo real y se marcharon.

15Aquella noche los sacerdotes, según costumbre, vinieron con sus mujeres y niños y dieron cuenta de la comida y la bebida.

16El rey madrugó y lo mismo hizo Daniel.

17Preguntó el rey: –¿Están intactos los sellos? Contestó: –Intactos, majestad.

18Al abrir la puerta, el rey miró a la mesa y gritó: –¡Qué grande eres, Bel! No hay engaño en ti.

19Daniel, riéndose, sujetó al rey para que no entrase y le dijo: –Mira al suelo y averigua de quién son esas huellas.

20El rey repuso: –Estoy viendo huellas de hombres, mujeres y niños.

21Y lleno de furia, hizo arrestar a los sacerdotes con sus mujeres y niños. Le enseñaron la puerta secreta por donde entraban a comer lo que había en la mesa.

22El rey los hizo ajusticiar y entregó a Bel en poder de Daniel, el cual lo destruyó con su templo.

23Había también un dragón enorme, al que veneraban los babilonios.

24El rey dijo a Daniel: –No dirás que éste es de bronce; está vivo, come y bebe; no puedes negar que es un dios vivo. Adóralo.

25Respondió Daniel: –Yo adoro al Señor, mi Dios, que es el Dios vivo. Dame permiso, majestad, y mataré al dragón sin palo ni cuchillo.

26El rey contestó: –Concedido.

27Entonces Daniel tomó resina, grasa y pelos; los coció, hizo unas tortas y se las echó en la boca al dragón. El dragón las comió y reventó. Daniel sentenció: –Ahí tienen lo que ustedes adoraban.

28Al enterarse los babilonios se enfurecieron, se amotinaron contra el rey y dijeron: –El rey se ha vuelto judío: ha destrozado a Bel, ha matado al dragón y ha degollado a los sacerdotes.

29Acudieron al rey y exigieron: –Entréganos a Daniel si no quieres morir con tu familia.

30Viendo el rey que lo amenazaban con violencia, les entregó a Daniel a la fuerza.

31Ellos lo arrojaron al foso de los leones, donde pasó seis días.

32Había en el foso siete leones; cada día les echaban dos ajusticiados y dos ovejas; en aquella ocasión no les echaron nada para que devorasen a Daniel.

33En Judea vivía el profeta Habacuc. Aquel día había preparado un guiso, puesto pequeños trozos de pan en una canastilla y marchaba al campo para llevárselo a los que estaban cosechando.

34El ángel del Señor ordenó a Habacuc: –Ese almuerzo llévaselo a Daniel, que está en Babilonia, en el foso de los leones.

35Habacuc respondió: –Señor, ni he visitado Babilonia ni conozco ese foso.

36Entonces el ángel del Señor lo agarró por la cabeza y con el ímpetu de su Espíritu, lo llevó hasta Babilonia sujeto por los cabellos y lo depositó frente al foso.

37Habacuc gritó: –Daniel, Daniel, toma el almuerzo que te envía Dios.

38Daniel respondió: –Dios mío, te has acordado de mí, no has desamparado a los que te aman.

39Y levantándose se puso a comer. Mientras, el ángel del Señor restituía a Habacuc a su país.

40Al séptimo día vino el rey para llorar a Daniel. Se acercó al foso, miró dentro y allí estaba Daniel sentado.

41Con todas sus fuerzas gritó: –¡Grande eres, Señor, Dios de Daniel, y no hay más Dios que tú!

42Lo hizo sacar, y a los culpables del atentado los hizo arrojar al foso, y al instante fueron devorados en su presencia.

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