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Salmos 56

Santa Biblia Martín Nieto

1Al maestro de coro. Según "Paloma que viene de lejos". Poema de David. Cuando los filisteos le apresaron en Gat

2Piedad, Dios mío, que los hombres me acosan, todo el día me atacan y me oprimen;

3mis enemigos me acosan sin cesar, innumerables son los que me atacan.

4Cuando estoy lleno de miedo, yo me refugio en ti.

5En Dios, cuya palabra alabo, en Dios confío y ya no tengo miedo; ¿qué podrá hacerme un hombre?

6Se pasan el día haciéndome sufrir, sólo piensan en hacerme daño;

7se conjuran, se esconden, vigilan mis pasos tratando de quitarme la vida.

8Dales lo que su culpa merece, aplasta, oh Dios, en tu cólera a los pueblos.

9Tú cuentas los pasos de mi vida errante, mis lágrimas están recogidas en tu odre, todo está consignado en tu libro de notas.

10Todos mis enemigos retrocederán el día en que yo te pida ayuda; yo sé muy bien que Dios está conmigo.

11En Dios, cuya palabra alabo -en el Señor, cuya palabra ensalzo-,

12en Dios confío y ya no tengo miedo; ¿qué podrá hacerme un hombre?

13Yo mantengo, Dios mío, los votos que te hice, los cumpliré con la acción de gracias,

14pues tú me libraste de la muerte, preservaste mis pies de la caída, para que camine en la presencia del Señor a la luz de la vida.

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