Salmos 104
Santa Biblia Martín Nieto ›1Bendice, alma mía, al Señor. Señor, Dios mío, qué grande eres. Vestido de esplendor y majestad,
2arropado de luz, como de un manto despliegas los cielos lo mismo que una tienda,
3construyes sobre las aguas tus moradas; haces tu carro de las nubes y caminas en las alas del viento;
4tomas por mensajeros a los vientos, a las llamas del fuego por ministros.
5Afincaste la tierra sobre sus cimientos, y será eternamente inamovible;
6la cubriste del océano como de un vestido, las aguas cubrían las montañas;
7ante tu amenaza emprendieron la huida, retrocedieron a la voz de tu trueno,
8saltando por las montañas y descendiendo por los valles, hasta el lugar que tú les asignaste.
9Les señalaste un límite, que no pueden cruzar, para que no vuelvan a cubrir la tierra.
10Haces manar las fuentes a raudales, y se deslizan entre las montañas;
11abrevan a todas las bestias de los campos, en ellas los asnos salvajes apagan su sed;
12junto a ellas anidan las aves de los cielos, y allí lanzan su trino entre la fronda.
13Desde tus mansiones riegas las montañas, la tierra se empapa del regalo de tu cielo;
14haces brotar la hierba para los ganados, y las plantas que cultiva el hombre para sacar de la tierra el pan,
15el pan que le da fuerzas, y el vino que le alegra el corazón y hace brillar su rostro más que el mismo aceite.
16Los árboles del Señor sacian su sed, y los cedros del Líbano que él había plantado.
17Allí anidan los pájaros, la cigüeña anida en los cipreses.
18Los altos montes son para los rebecos, y las rocas, para cobijo de tejones.
19Has hecho la luna para fijar los tiempos, y el sol, que conoce la hora de su ocaso.
20Derramas la tiniebla y cae la noche, y entonces salen todas las fieras de la selva;
21los leoncillos rugen por la presa y reclaman su alimento a Dios.
22Se retiran al salir el sol y van a tumbarse en sus guaridas;
23entonces sale el hombre a su trabajo, y está trabajando hasta la tarde.
24Qué numerosas son, Señor, tus obras; todas las has hecho con sabiduría, la tierra está llena de tus criaturas.
25Ahí está el mar, inmenso y grande, en el que se mueven un sinfín de animales grandes y pequeños;
26por él van y vienen los navíos y Leviatán, al que hiciste para que en él jugase.
27Todos ellos esperan de ti que les des a su tiempo su alimento;
28tú se lo das, y ellos lo recogen; abres tu mano, y se sacian de bienes;
29si escondes tu rostro, se acobardan; si retiras tu soplo, expiran y retornan al polvo;
30si envías tu soplo, son creados, y renuevas la faz de la tierra.
31La gloria del Señor es eterna, el Señor se complace en sus obras.
32Cuando él mira a la tierra, ésta tiembla; toca las montañas, y echan humo.
33Toda mi vida cantaré al Señor; mientras exista, cantaré himnos a mi Dios.
34Ojalá le agrade mi poema, pues sólo en él encuentro mi alegría.
35Que los criminales sean borrados de la tierra, que dejen de existir los malhechores. Bendice, alma mía, al Señor. ¡Aleluya!