Salmos 103
Santa Biblia Martín Nieto ›1De David
2bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus muchos beneficios.
3Él te perdona todos tus delitos y te cura de tus enfermedades;
4él rescata tu vida del sepulcro y te colma de amor y de ternura;
5él sacia de bienes tu existencia y te rejuvenece como el águila.
6El Señor hace justicia y libera a todos los oprimidos;
7él reveló sus caminos a Moisés y sus portentos a los israelitas.
8El Señor es misericordioso y compasivo, el Señor es paciente y todo amor;
9no está siempre acusando ni guarda rencor eternamente;
10no nos trata como merecen nuestras culpas ni nos paga según nuestros delitos.
11Cuanto los cielos se alzan sobre la tierra, así es de grande su amor para los fieles;
12cuanto dista el oriente del occidente, así aleja de nosotros nuestras culpas.
13Como se apiada un padre de sus hijos, así se apiada él de sus amigos;
14él sabe de qué pasta estamos hechos, se acuerda de que no somos más que polvo.
15Los días del hombre son como la hierba, como la flor del campo así florece;
16la azota el viento y deja de existir, ni se sabe siquiera dónde estaba.
17Pero el amor del Señor a sus fieles es eterno, y su justicia para todas sus generaciones,
18para aquellos que guardan su alianza y se acuerdan de cumplir sus mandamientos.
19El Señor en los cielos asentó su trono, y su soberanía todo lo gobierna.
20Bendecid al Señor todos sus ángeles, héroes poderosos, agentes de sus órdenes, atentos a la voz de su palabra.
21Bendecid al Señor todas sus huestes, ministros suyos, que hacéis su voluntad.
22Bendecid al Señor todas sus obras, en todos los lugares de su imperio. Bendice, alma mía, al Señor.