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Eclesiástico (Sirácide) 40

Santa Biblia Martín Nieto

1Una penosa tarea se impuso a todo hombre, y un yugo pesado a los hijos de Adán, desde el día que salen del seno de su madre hasta el día que vuelven a la madre de todos.

2El objeto de sus reflexiones y el temor de su corazón es la espera ansiosa del día de la muerte.

3Desde el que se sienta en trono de gloria hasta el humillado en polvo y ceniza;

4desde el que lleva púrpura y corona hasta el que se viste de burdo paño están sujetos a cólera, envidia, turbación, terror, temor de la muerte, rivalidades y querellas.

5Y al tiempo del descanso en su lecho, el sueño trastorna su mente.

6Apenas ha descansado un poco o nada, lo mismo en sueño que en vigilia, se siente turbado con las visiones de su mente, como un fugitivo del frente de batalla.

7En el preciso momento de la liberación, se despierta maravillado de lo injustificado de sus temores.

8Así es con todo ser vivo, desde el hombre a la bestia; y para los pecadores, siete veces más.

9Muerte y derramamiento de sangre, querella y espada, calamidades, hambre, tribulación y plagas:

10todas estas cosas fueron creadas para los que cometen injusticias, y por ellos sobrevino el diluvio.

11Todo lo que de la tierra proviene, a ella volverá; y lo que proviene de las aguas, al mar retornará.

12Todo soborno e injusticia serán borrados, mas la lealtad permanece para siempre.

13Las riquezas de los malvados se secarán como un torrente, como un gran trueno se pierde entre el ruido de la lluvia.

14Al abrir él sus manos se alegra, pero los pecadores irán a la ruina.

15Los retoños de los malvados no se llenan de ramas, porque sus impuras raíces están sobre suelo rocoso.

16Es como caña que crece junto a las aguas y a la orilla de los ríos; será arrancada antes que toda hierba.

17La generosidad es como un paraíso de bendiciones, y la limosna permanece para siempre.

18La vida del libre y del trabajador es dulce, pero más que ambas cosas el que halla un tesoro.

19Los hijos y edificar una ciudad perpetúan el nombre; pero más que ambos, una mujer sin tacha.

20Vino y música alegran el corazón; pero más que ambos, el amor de la sabiduría.

21Flauta y salterio hacen agradable melodía; pero más que ambos, una lengua afable.

22Tu ojo desea gracia y belleza; pero sobre ambas está el verdor de los campos.

23Un amigo y un compañero se encuentran a su tiempo, pero sobre ambos está la mujer con marido.

24Hermanos y protectores son útiles en tiempo de aflicción, pero más que ambos libra la limosna.

25El oro y la plata dan firmeza a los pies, pero más que ambos se estima el consejo.

26Riquezas y fuerza levantan el corazón; pero más que ambos, el temor del Señor; porque con el temor del Señor nada falta, y con él no hay por qué buscar auxilio.

27El temor del Señor es como un paraíso de bendiciones, y mejor que toda gloria él protege.

28Hijo, no hagas vida de mendigo: más vale morir que mendigar.

29Hombre que mira a mesa ajena con ansia vive una vida que no debe tenerse por vida; mancha su alma con manjares extraños. El hombre instruido y bien educado se guardará de ellos.

30En la boca del desvergonzado es dulce la mendicidad, pero es fuego que abrasa sus entrañas.

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