1 Macabeos 15
Santa Biblia Martín Nieto ›1Antíoco, hijo del rey Demetrio, envió desde las islas del mar a Simón, sumo sacerdote y jefe de los judíos, y a toda la nación
2la siguiente carta: "El rey Antíoco a Simón, sumo sacerdote y jefe, y a la nación judía, salud.
3Puesto que hombres malvados se han apoderado del reino de nuestros padres, me he propuesto recobrarlo para restablecer la situación anterior. He reunido numerosas tropas y equipado naves de guerra
4para desembarcar en el país y vengarme de los que han devastado y asolado muchas ciudades de mi reino.
5Te confirmo todas las exenciones de tributos y todas las demás prerrogativas concedidas por mis predecesores.
6Te autorizo a acuñar moneda para tu nación.
7Concedo la libertad a Jerusalén y al templo, y que todas las armas que has fabricado y las fortalezas que has construido y ocupado te pertenezcan.
8Desde ahora y para siempre te perdono todo lo que debes al rey y debas en el futuro;
9y cuando me haya posesionado de mi reino te llenaré de honores a ti, a tu nación y al templo, de modo que vuestra gloria se manifieste en toda la tierra".
10El año 174, Antíoco entró en la tierra de sus padres; todas las fuerzas armadas se le unieron, quedando sólo pocos partidarios de Trifón.
11Antíoco lo persiguió, y Trifón se refugió en Dora del Mar.
12Sabía las calamidades que le esperaban al haberlo abandonado su ejército.
13Antíoco acampó junto a Dora con ciento veinte mil soldados de infantería y ocho mil de caballería.
14Sitió la ciudad, mientras las naves se situaban en el mar. Así la ciudad quedó cercada por tierra y por mar, sin que nadie pudiera entrar ni salir.
15Entretanto habían vuelto de Roma Numenio y sus colegas, con cartas, dirigidas a los reyes y a las naciones, del tenor siguiente:
16"Lucio, cónsul de los romanos, al rey Tolomeo, salud.
17Han llegado a nosotros emisarios de los judíos, nuestros amigos y aliados, para renovar el antiguo tratado de amistad, mandados por el sumo sacerdote Simón y por el pueblo judío.
18Trajeron un escudo de oro que pesaba cuatrocientos cuarenta kilos.
19Nos es grato escribir a los reyes y a los pueblos que no les hagan mal, que no les declaren la guerra ni a ellos, ni a sus ciudades, ni a su país, y que no pacten con sus enemigos.
20Nos ha parecido bien aceptar de los judíos el escudo.
21Si hombres perversos de su país se refugian en el vuestro, entregadlos al sumo sacerdote Simón para que él los castigue según su ley".
22La misma carta fue dirigida al rey Demetrio, a Atalo, a Ariarates, a Arsaces
23y a todas las naciones, a Samsamo, a los espartanos, a Delos, a Mindo, a Sición, a Caria, a Samos, a Panfilia, a Licia, a Halicarnaso, a Rodas, a Fasélida, a Cos, a Side, a Arados, a Gortina, a Cnido, a Chipre y a Cirene.
24Al sumo sacerdote Simón le mandaron también copias de estas cartas.
25El rey Antíoco acampó frente a Dora, en el suburbio, avanzando siempre con sus fuerzas, sirviéndose de las máquinas. Estrechó el cerco tanto, que nadie podía ni entrar ni salir.
26Simón le envió dos mil hombres escogidos para ayudarle, con plata, oro y muchas armas.
27Pero él no quiso aceptarlos; más aún, revocó las concesiones hechas a Simón y se declaró su enemigo.
28Envió a Atenobio, uno de sus amigos, para conferenciar con él y decirle: "Habéis ocupado Jafa, Guézer y la ciudadela de Jerusalén, ciudades de mi reino.
29Habéis devastado su territorio, habéis hecho daño al país y os habéis apoderado de muchas ciudades de mi reino.
30Restituye las ciudades arrebatadas y los tributos obtenidos de los lugares ocupados fuera de los límites de Judea,
31o dad en compensación mil setecientos kilos de plata por las destrucciones llevadas a cabo, y otros mil setecientos por los tributos de las ciudades; si no, te declararé la guerra".
32Atenobio, amigo del rey, llegó a Jerusalén y, viendo la fastuosidad de Simón, su vajilla de oro y plata y el aparato con que se rodeaba, quedó maravillado. Pero le comunicó las palabras del rey.
33Simón le respondió: "No hemos ocupado tierra extranjera ni retenemos nada de nadie, sino la herencia de nuestros padres, que en un tiempo injustamente nos fue arrebatada por nuestros enemigos.
34Hemos recuperado en ocasión propicia la heredad de nuestros padres.
35Jafa y Guézer, que reclamas, fueron causa de grandes males para nuestro pueblo y desolaban nuestro país, pero estamos dispuestos a darte trescientos cuarenta kilos de plata por ellas".
36Atenobio no le respondió nada, pero se volvió furioso al rey y le comunicó la respuesta y fastuosidad de Simón, con todo lo que había visto. El rey se enfureció.
37Trifón, entretanto, huyó a Ortosia en una nave.
38El rey nombró a Cendebeo general, entregándole una parte de las tropas de infantería y de caballería.
39Le ordenó acampar frente a Judea, fortificar Cedrón, consolidar sus fuerzas y luchar contra el pueblo. El rey perseguía a Trifón.
40Cendebeo llegó a Yamnia y comenzó a hostigar al pueblo, a invadir Judea, a hacer prisioneros y a realizar matanzas.
41Fortificó Cedrón, dejando allí tropas de infantería y caballería para hacer salidas y patrullar por los caminos conforme a las órdenes del rey.