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1 Macabeos 1

Santa Biblia Martín Nieto

1Alejandro de Macedonia, hijo de Filipo, salió de su país, derrotó a Darío y reinó en su lugar, comenzando por Grecia;

2emprendió numerosas guerras, expugnó fortalezas y mató a los reyes de la región;

3llegó hasta los confines de la tierra y saqueó muchas naciones. La tierra enmudeció ante él, y él se llenó de orgullo y de soberbia.

4Reclutó un poderoso ejército y sometió a su poder provincias, naciones y reyes, que le pagaron tributo.

5Pero después de todo esto cayó enfermo y se dio cuenta de que iba a morir.

6Llamó a sus generales y nobles, educados con él desde la juventud, y, todavía en vida, les dividió el reino.

7Alejandro murió a los doce años de su reinado.

8Sus generales tomaron el poder, cada cual en su provincia.

9Después de su muerte, todos ciñeron la corona real, y sus hijos después de ellos durante muchos años; pero llenaron la tierra de crueldades.

10De ellos brotó un vástago perverso, Antíoco Epífanes, hijo del rey Antíoco, que había estado en Roma como rehén y comenzó a reinar el año 137 de la era de los griegos.

11Por entonces surgieron en Israel hombres perversos, que sedujeron a muchos, diciendo: "Pactemos con las naciones vecinas, pues desde que nos hemos apartado de ellas nos han sobrevenido muchas calamidades".

12Esto les agradó,

13y algunos del pueblo fueron a ver al rey, quien les autorizó a seguir las costumbres paganas.

14Construyeron en Israel un gimnasio al modo de los gentiles,

15disimularon la circuncisión, se alejaron de la alianza santa para unirse a los paganos y se vendieron para cometer el mal.

16Cuando Antíoco se percató de que su reinado estaba bien consolidado, concibió la idea de apoderarse también de Egipto para reinar en las dos naciones.

17Entró en Egipto con un ejército impresionante, con carros, elefantes, caballos y una gran flota.

18Atacó a Tolomeo, rey de Egipto, que se retiró ante él y luego huyó, muriendo muchos de los suyos.

19Ocupó las ciudades egipcias fortificadas y las saqueó.

20Después de conquistar Egipto, el año 143, marchó contra Israel y Jerusalén con un ejército numeroso.

21Entró altivamente en el templo y se apoderó del altar de oro, del candelabro con todos sus accesorios,

22de la mesa de los panes de la proposición, copas, tazas, incensarios de oro, el velo, coronas y la decoración de oro de la fachada del templo.

23Se llevó también la plata, el oro, los objetos preciosos y los tesoros escondidos que encontró.

24Todo se lo llevó a su patria después de haber derramado mucha sangre y haber hablado con insolencia y con orgullo.

25Hubo entonces un gran luto en todo Israel.

26Jefes y ancianos gimieron; doncellas y jóvenes perdieron su vigor y se desvaneció la belleza de las mujeres.

27El joven esposo entonó lamentaciones, y la joven esposa se angustió en el tálamo nupcial.

28La tierra tembló por sus habitantes, y toda la casa de Jacob se cubrió de vergüenza.

29Dos años después mandó el rey a las ciudades de Judá al misarca, que llegó a Jerusalén con un ejército imponente.

30Se presentó con astucia en son de paz, y lo creyeron. Pero, inesperadamente, irrumpió en la ciudad y la asestó un terrible golpe, matando a muchos en Israel.

31Saqueó la ciudad, la incendió y destruyó las casas y las murallas que la cercaban.

32Sus gentes hicieron prisioneros a mujeres y niños y se apoderaron de sus ganados.

33Fortificaron la ciudad de David con un muro grande y sólido, defendido con torres fuertes, y la convirtieron en ciudadela.

34Instalaron gente perversa, hombres desalmados, que en ella se hicieron fuertes.

35Almacenaron armas y víveres, reunieron el botín recogido en Jerusalén y se convirtieron en un enclave molesto,

36en un peligro constante para el templo y en una continua amenaza para Israel.

37Derramaron sangre inocente junto al templo y profanaron los lugares sagrados.

38Por temor a ellos huyeron los habitantes de Jerusalén, que se convirtieron en una colonia de extranjeros. Sus hijos se sentían extranjeros en ella y llegaron a abandonarla.

39Su templo quedó vacío como el desierto; sus fiestas se cambiaron en luto; sus sábados, en oprobio; su honor, en desprecio.

40Tan grande como su gloria fue su ignominia, y su grandeza se cambió en duelo.

41El rey publicó en todo su reino la orden de formar un solo pueblo,

42renunciando cada uno a las costumbres propias. Todas las naciones acataron la orden del rey.

43Muchos israelitas aceptaron su culto, ofrecieron sacrificios a los ídolos y profanaron el sábado.

44El rey mandó emisarios a Jerusalén y a las ciudades de Judá con órdenes escritas para que aceptaran las costumbres extrañas a su país;

45suprimieran los holocaustos, los sacrificios y las ofrendas del templo y profanaran el sábado y las fiestas;

46contaminaran el templo y los lugares santos;

47edificaran altares y templos a los ídolos y sacrificaran a los cerdos y animales inmundos;

48dejaran sin circuncidar a sus hijos y se mancharan con toda clase de inmundicias y profanaciones,

49de modo que se olvidaran de la ley y abandonaran todas sus prescripciones.

50El que no cumpliera las órdenes del rey sería castigado con la muerte.

51En este tenor el rey escribió a todo el reino, nombró inspectores sobre el pueblo y mandó que todas y cada una de las ciudades de Judá ofrecieran sacrificios.

52Muchos del pueblo, los que abandonaban la ley, se les unieron, cometieron tales crueldades en el país

53y obligaron a los israelitas a esconderse en toda clase de refugio.

54El 15 del mes de quisleu del año 145, Antíoco levantó un ídolo repugnante sobre el altar de los holocaustos y edificó altares en todas las ciudades circunvecinas de Judá.

55En las puertas de las casas y en las plazas ofrecían incienso;

56y destrozaban y quemaban los libros de la ley que encontraban.

57Al que se le encontraba el libro de la alianza, o al que observaba la ley, se le condenaba a muerte en virtud del decreto real.

58Abusando de la fuerza, se ensañaban con los israelitas que descubrían cada mes en las ciudades.

59El 25 del mes ofrecían sacrificios en el altar construido sobre el altar antiguo.

60A las mujeres que, contra el decreto, habían circuncidado a sus hijos las mataron

61con los niños colgados al cuello; y lo mismo a los familiares y a los que habían realizado la circuncisión.

62A pesar de esto, muchos israelitas permanecieron firmes y resueltos a no comer alimentos inmundos.

63Prefirieron morir antes que contaminarse con tales alimentos, violando la alianza santa, y murieron.

64Fue terrible la ira desencadenada sobre Israel.

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