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Salmos 78

Biblia del Peregrino (1993)

1Makil de Asaf. Escucha, pueblo mío, mi instrucción, prestad oído a las palabras de mi boca:

2que voy a abrir la boca a una paráblola, haré brotar enigmas del pasado.

3Lo que oímos y aprendimos y nos contaron nuestros padres

4no lo encubriremos a sus hijos, lo contaremos a la siguiente generación: las glorias del Señor y su poder y las maravillas que realizó.

5Pues él hizo un pacto con Jacob y dio una instrucción a Israel el mandó a nuestros padres que lo hicieran saber a sus hijos,

6de modo que lo conociera la generación siguiente, los hijos que habían de nacer; que ellos sucedieran y se lo contaran a sus hijos,

7para que pusieran en Dios su esperanza y no olvidaran las hazañas de Dios y cumplieran sus mandatos.

8Para que no imitaran a sus antepasados: generación rebelde y contumaz, generación de corazón inconstante, de espíritu desconfiado de Dios.

9Los arqueros de la tribu de Efraín volvieron la espalda en la batalla.

10No guardaron la alianza de Dios y rehusaron seguir sus instrucciones,

11echando en olvido sus acciones, las maravillas que les había mostrado.

12A vista de sus padres hizo portentos, en territorio egipcio, en la campiña de Soán.

13Hendió el mar para abrirles paso sujetando las aguas como un dique.

14Los guiaba de día con la nube, de noche con el resplandor del fuego.

15Hendió la roca en el desierto y les dio a beber raudales de agua.

16Sacó arroyos de la peña e hizo bajar el agua como ríos.

17Pero ellos volvieron a pecar contra él rebelándose en el yermo contra el Altísimo.

18Tentaron a Dios en el corazón pidiendo una comida para su apetito.

19Hablaron contra Dios, dijeron: ¿podrá Dios poner la mesa en el desierto?

20Es verdad, golpeó la roca, brotó agua y se desbordó en torrentes; ¿podrá también darnos pan y proveer de carne a su pueblo?

21Lo oyó el Señor y se indignó, un incendio estalló contra Jacob, hervía su cólera contra Israel,

22porque no se fiaban de Dios ni confiaban en su auxilio.

23Dio orden arriba a las nubes y abrió las compuertas del cielo;

24hizo que les lloviese maná para comer y les sirvió un trigo celeste.

25Un pan de héroes comió el hombre, les mandó provisiones hasta la hartura.

26Transportó por el cielo el viento de levante y guió el viento sur con su fuerza.

27Hizo que les lloviese carne como una polvareda, y volátiles como arena de la playa.

28Los hizo caer en medio del campamento, alrededor de sus moradas.

29Comieron hasta hartarse y les satisfizo su avidez.

30Con la avidez apenas saciada, con la comida aún en la boca,

31la ira de Dios hirvió contra ellos: dio muerte a los más robustos y doblegó la flor de Israel.

32Y con todo, volvieron a pecar y no se fiaron de sus milagros.

33Consumió sus días en un soplo, sus años en un momento.

34Cuando los mataba, lo buscaban y madrugaban para volverse a Dios;

35se acordaban de que Dios era su Roca, el Dios Altísimo, su Redentor.

36Lo adulaban con la boca, le mentían con la lengua;

37su corazón no era constante con él ni eran fieles a su alianza.

38El, en cambio, era compasivo: perdonaba la culpa y no los destruía; muchas veces reprimió la cólera y no excitaba todo su furor,

39recordando que eran de carne, un aliento fugaz que no torna.

40¡Cómo se rebelaron en el desierto enojando a Dios en la estepa!

41Volvían a tentar a Dios, irritando al Santo de Israel,

42sin acordarse de aquella mano que un día los libró de la opresión,

43cuando hizo señales en Egipto y portentos en la campiña de Soán.

44Convirtió sus canales en sangre y sus arroyos, para que no bebieran;

45les mandó tábanos que los picasen y las ranas que los destruyesen;

46entregó a la langosta su cosecha, a saltamontes el fruto de sus fatigas;

47mató con granizo sus viñedos y con aguacero sus moreras;

48entregó al pedrisco sus ganados a las centellas sus rebaños;

49lanzó contra ellos su ira ardiente, su cólera, su furor, su indignación:

50despachando unos siniestros mensajeros, dio libre curso a su ira; no salvó su vida de la muerte, entregó sus vidas a la peste.

51Hirió a los primogénitos en Egipto, a las primicias de la virilidad en las tiendas de Cam.

52Sacó como un rebaño a su pueblo, los guió como un hato por el desierto;

53los condujo seguros, sin alarmas, mientras el mar cubría a sus enemigos.

54Los hizo entrar por la santa frontera, al monte que su diestra había adquirido.

55Les quitó de delante los pueblos, les asignó por suerte su heredad, instaló en sus tiendas a las tribus de Israel.

56Pero ellos tentaron al Dios Altísimo, se rebelaron y no guardaron sus preceptos;

57desertaron, lo traicionaron como sus padres, fallaron como un arco engañoso:

58lo irritaban con sus altozanos, con sus ídolos le daban celos.

59Lo oyó Dios y se indignó y rechazó gravemente a Israel.

60Arrancó la morada de Siló, la tienda que había instalado entre los hombres.

61Abandonó sus valientes al cautiverio, su orgullo a la mano enemiga;

62entregó su pueblo a la espada, indignado con su heredad.

63A los jóvenes los devoraba el fuego, para las doncellas no había requiebros;

64sus sacerdotes caían a espada y las viudas no los lloraban.

65Se despertó como de un sueño el Señor, como soldado aturdido por el vino,

66hirió al enemigo por la espalda infligiéndole una derrota definitiva.

67Rechazó la tienda de José y no eligió a la tribu de Efraín;

68eligió a la tribu de Judá y el monte Sión, su preferido.

69Se construyó un santuario como el cielo, como la tierra que cimentó para siempre.

70Eligió a David, su siervo sacándolo de los apriscos del rebaño;

71de andar tras las ovejas lo llevó a pastorear a Jacob, su pueblo, a Israel, su heredad.

72Los pastoreaba con corazón íntegro, los guiaba con mano experta.

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