Salmos 71
Biblia del Peregrino (1993) ›1A ti, Señor, me acojo: que no fracase yo para siempre.
2Por tu justicia líbrame y ponme a salvo, préstame oído y sálvame.
3Sé tú mi roca de morada, siempre accesible, pues mandaste salvarme. Mi peña y mi alcázar eres tú.
4Dios mío, líbrame de la mano perversa, del puño criminal y violento;
5porque tú, mi Señor, fuiste mi esperanza y mi confianza, Señor, desde mi juventud.
6Nada más nacer me apoyaba en ti, del vientre materno tú me sacaste. Para ti mi alabanza continua.
7Muchos me miraban como un prodigio, porque tú eres mi fuerte refugio.
8Llena está mi boca de tu alabanza y de tu elogio todo el día.
9No me rechaces ahora en la vejez, cuando me faltan las fuerzas, no me abandones,
10pues mis enemigos hablan de mí, los que acechan mi vida celebran consejo
11diciendo: Dios lo ha abandonado: perseguidlo, agarradlo, que nadie lo defiende.
12Oh Dios, no te quedes lejos, Dios mío, apresúrate a socorrerme.
13Que fracasen y se acaben los que atentan contra mi vida; queden cubiertos de oprobio y vergüenza los que buscan mi daño.
14Yo en cambio aguardo continuamente redoblando tus alabanzas.
15Mi boca explicará tu justicia y tu salvación todo el día. Aunque no soy experto en contar,
16con la fuerza del Señor entraré para anunciar tu justicia, sólo tuya.
17Me enseñaste, Dios, desde la juventud y hasta hoy relato tus maravillas.
18Ahora, en la vejez y las canas, Dios, no me abandones, hasta que anuncie tu brazo y tu fuerza a la generación venidera,
19y tu justicia, Dios, que es sublime y las hazañas que realizaste: oh Dios, ¿quién como tú?
20Me hiciste pasar peligros, muchos y graves; de nuevo me harás revivir. De las simas de la tierra de nuevo me levantarás;
21acrecerás mi dignidad y te volverás a consolarme.
22Y yo te daré gracias con el arpa, Dios mío, por tu fidelidad; tañeré la cítara en tu honor, Santo de Israel.
23Te aclamarán mis labios y mi aliento que redimiste.
24Y mi boca todo el día meditará en tu justicia, porque han fracasado afrentados los que buscaban mi daño.