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Salmos 31

Biblia del Peregrino (1993)

1Al director de coro. Salmo de David.

2A ti me acojo, Señor: no quede yo nunca defraudado; por tu justicia ponme a salvo.

3Préstame oído, ven aprisa a librarme, sé mi roca de refugio, mi alcázar salvador;

4que mi peña y alcázar eres tú: por tu nombre dirígeme y guíame;

5sácame de la red que me han escondido, que tú eres mi amparo.

6En tu mano encomendaba mi vida: y me libraste, Señor, Dios fiel.

7Odias a quienes veneran ídolos vanos, yo en cambio confío en el Señor.

8Festejaré, celebraré tu lealtad, pues te fijaste en mi aflicción velaste por mi vida en peligro.

9No me entregaste en poder del enemigo, colocaste mis pies en terreno espacioso.

10Piedad, Señor, que estoy en aprieto: se consumen de pena mis ojos, mi garganta y mi vientre;

11mi vida se gasta en la congoja, mis años se van en gemidos, por mi culpa decae mi vigor y se consumen mis huesos.

12Soy la burla de todos mis rivales, mis vecinos me hacen gestos, soy el espanto de mis conocidos: me ven por la calle y escapan de mí.

13Me han olvidado como a un muerto, me he vuelto un cacharro inútil.

14Oigo a muchos motejarme: pájaro de mal agüero, mientras se conjuran contra mí y traman quitarme la vida.

15Pero yo confío en ti, Señor, digo: Tú eres mi Dios.

16En tu mano están mis azares: líbrame de los enemigos que me persiguen.

17Muestra a tu siervo tu rostro radiante, sálvame por tu lealtad.

18Señor, que no fracase por haberte invocado; que fracasen los malvados y bajen mudos al Abismo;

19queden mudos los labios mentirosos que profieren insolencias contra el justo con soberbia y desprecio.

20Qué bondad tan grande reservas a tus fieles y despliegas, a la vista de todos, con los que a ti se acogen.

21En tu escondite personal los escondes de las conjuras humanas, los ocultas en tu tienda de lenguas pendencieras.

22Bendito el Señor que hizo por mí prodigios de lealtad en la plaza fuerte;

23y yo que decía a la ligera: me has echado de tu presencia, pero tú escuchaste mi súplica cuando te pedí auxilio.

24Amad al Señor, sus leales, que el Señor guarda a los fieles, pero paga con creces a quien obra con soberbia.

25¡Sed valientes y animosos los que esperáis en el Señor!

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