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Proverbios 23

Biblia del Peregrino (1993)

1Sentado a la mesa de un señor, mira bien quién tienes delante;

2ponte un cuchillo a la garganta si tienes mucha hambre;

3no seas ansioso de sus manjares, que son comida engañosa.

4No te afanes por enriquecerte, deja de pensar en ello;

5le echas una mirada, y ya no está, ha echado alas como un águila y vuela por el cielo.

6No te sientes a comer con el avaro ni ansíes sus manjares:

7son un pelo en la garganta, [amargura en el paladar ; te dice: come y bebe, pero no te aprecia;

8el bocado comido lo tendrás que vomitar y habrás malgastado tus palabras corteses.

9No hables a oídos insensatos, porque despreciarán tus sensatas razones.

10No remuevas los linderos antiguos ni te metas en la parcela del huérfano,

11porque su defensor es fuerte y defenderá su causa contra ti.

12Haz caso de la corrección, presta oído a los consejos de la experiencia.

13No ahorres castigo al muchacho: porque le azotes con la vara no morirá;

14tú lo azotas con la vara y libras su vida del Abismo.

15Hijo mío, si tu corazón se hace sensato, yo me alegraré de corazón,

16sentiré un gozo entrañable cuando tus labios hablen con tino.

17No sientas envidia de los pecadores, sino siempre de los que respetan a Dios;

18así tendrás un porvenir, y tu esperanza no fracasará.

19Escucha, hijo mío, sé juicioso, encamina bien tu mente:

20no te juntes con bebedores ni vayas con comilones,

21porque bebedores y comilones se arruinarán y el holgazán se vestirá de harapos.

22Escucha al padre que te engendró, no desprecies la vejez de tu madre:

23compra la verdad y no la vendas, sensatez, educación y prudencia;

24el padre del honrado se llenará de gozo, el que engendra un hijo sensato se alegrará,

25tu padre estará contento de ti y gozará la que te dio a luz.

26Hijo mío, hazme caso, acepta de buena gana mi camino.

27Fosa profunda es la mala mujer, pozo angosto es la ramera;

28se pone al acecho como un salteador y provoca traiciones entre los hombres.

29¿A quién los ayes?, ¿a quién los gemidos?, ¿a quién las riñas?, ¿a quién los lamentos?, ¿a quién los golpes de balde?, ¿a quién los ojos turbados?

30Al que se alarga con el vino y va catando bebidas.

31No mires al vino cuando rojea y lanza destellos en la copa;

32se desliza suavemente, al final muerde como culebra y pica como víbora.

33Tus ojos verán maravillas, tu mente imaginará absurdos;

34estarás como quien yace en alta mar o yace en la punta de un mástil.

35Me han golpeado, y no me ha dolido; me han sacudido, y no lo he sentido; en cuanto despierte volveré a pedir más.

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