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Mateo 20

Biblia del Peregrino (1993)

1El reinado de Dios se parece a un hacendado que salió de mañana a contratar braceros para su viña.

2Se apalabró con ellos en un denario al día y los envió a su viña.

3Volvió a salir a media mañana, vio en la plaza a otros que no tenían trabajo

4y les dijo: Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido.

5Ellos se fueron. Volvió a salir a mediodía y a media tarde e hizo lo mismo.

6Al caer de la tarde salió, encontró otros que no tenían trabajo y les dijo: ¿Qué hacéis aquí parados todo el día sin trabajar?

7Le contestan: Nadie nos ha contratado. Y él les dice: Id también vosotros a mi viña.

8Al anochecer, el dueño de la viña dijo al capataz: Reúne a los braceros y págales su jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros.

9Pasaron los del atardecer y recibieron un denario.

10Cuando llegaron los primeros, esperaban recibir más; pero también ellos recibieron un denario.

11Al recibirlo, protestaron al hacendado:

12Estos últimos han trabajado una hora y les has pagado igual que a nosotros, que hemos soportado la fatiga y el calor del día.

13Él contestó a uno de ellos: Amigo, no te hago injusticia; ¿no nos apalabramos en un denario?

14Pues toma lo tuyo y vete. Que yo quiero dar al último lo mismo que a ti.

15¿O no puedo yo disponer de mis bienes como me parezca? ¿Por qué tomas a mal que yo sea generoso?

16Así los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos.

17Cuando Jesús subía hacia Jerusalén, tomó aparte a los Doce [discípulos y por el camino les dijo:

18Mirad, subimos a Jerusalén, y este Hombre será entregado a los sumos sacerdotes y letrados que lo condenarán a muerte.

19Lo entregarán a los paganos para que lo afrenten, lo azoten y lo crucifiquen. Al tercer día resucitará.

20Entonces se le acercó la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacer una petición.

21Él le preguntó: ¿Qué deseas? Ella contestó: Manda que, cuando reines, estos dos hijos míos se sienten uno a tu derecha y otro a tu izquierda.

22Jesús le contestó: No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber la copa que yo he de beber? Ellos replicaron: Podemos.

23Jesús les dijo: Mi copa la beberéis, pero sentarse a mi derecha e izquierda no me toca a mí concederlo; será para los que mi Padre ha destinado.

24Cuando los otros diez lo oyeron, se enfadaron con los dos hermanos.

25Pero Jesús los llamó y les dijo: Sabéis que entre los paganos los gobernantes tienen sometidos a sus súbditos y los poderosos imponen su autoridad.

26No será así entre vosotros; más bien, quien entre vosotros quiera llegar a ser grande que se haga vuestro servidor;

27y quien quiera ser el primero, que se haga vuestro esclavo.

28Lo mismo que este Hombre no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por todos.

29Cuando se fueron de Jericó, un gran gentío le seguía.

30Dos ciegos, que estaban sentados a la vera del camino, cuando oyeron que Jesús pasaba, se pusieron a gritar: ¡[Señor, Hijo de David, ten compasión de nosotros!

31La gente los reprendía para que se callasen. Pero ellos gritaban más fuerte: ¡Señor, Hijo de David, ten compasión de nosotros!

32Jesús se detuvo y les habló: ¿Qué queréis que os haga?

33Respondieron: Señor, que se nos abran los ojos.

34Compadecido, Jesús les tocó los ojos y al punto recobraron la vista y le siguieron.

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