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Jeremías 8

Biblia del Peregrino (1993)

1Entonces -oráculo del Señor- sacarán de sus tumbas los huesos de los reyes de Judá,

2los huesos de sus príncipes, los huesos de los sacerdotes, los huesos de los profetas, los huesos de los vecinos de Jerusalén: los tenderán al sol, a la luna, a los astros del cielo a quienes amaron, a quienes sirvieron, a quienes siguieron, a quienes consultaron, a quienes adoraron; no serán recogidos ni sepultados, yacerán como estiércol en el campo.

3La muerte será preferible a la vida para todo el resto, para los supervivientes de esa raza perversa, en todos los lugares por donde los dispersé -oráculo del Señor Todopoderoso-.

4Diles: Así dice el Señor: ¿No se levanta el que cayó?, ¿no vuelve el que se fue?

5Entonces, ¿por qué este pueblo de Jerusalén ha apostatado irrevocablemente? Se afianza en la rebelión, se niega a convertirse.

6He escuchado atentamente: no dicen la verdad, nadie se arrepiente de su maldad diciendo: ¿Qué he hecho? Todos vuelven a sus extravíos como caballo que se lanza a la batalla.

7Aun la cigüeña en el cielo conoce su tiempo, la tórtola, la golondrina, la grulla vuelven puntualmente a su hora; pero mi pueblo no comprende el mandato del Señor.

8¿Por qué decís: Somos sabios, tenemos la ley del Señor? Si la ha falsificado la pluma falsa de los escribanos.

9Pues quedarán confusos los sabios, se espantarán y caerán prisioneros: rechazaron la Palabra del Señor, ¿de qué les servirá su sabiduría?

10Por eso entregaré vuestras mujeres a extraños y vuestros campos a los conquistadores; porque del primero al último sólo buscan medrar, profetas y sacerdotes se dedican al fraude.

11Pretenden curar por encima la fractura de mi pueblo diciendo: Marcha bien, muy bien; y no marcha bien.

12¿Se avergüenzan cuando cometen abominaciones? Ni se avergüenzan ni conocen el sonrojo; pues caerán con los demás caídos, tropezarán el día de la cuenta -oráculo del Señor-.

13--Si intento cosecharlos -oráculo del Señor- no hay racimos en la vid ni higos en la higuera, la hoja está seca; los entregaré a la esclavitud.

14¿Qué hacemos aquí sentados? Reunámonos, entremos en las plazas fuertes para morir allí; porque el Señor, nuestro Dios, nos deja morir, nos da a beber agua envenenada, porque pecamos contra el Señor.

15Se espera mejoría y no hay bienestar, a la hora de la cura sobreviene el delirio.

16Desde 27.se escucha el resoplar de los caballos; cuando relinchan los corceles, retiembla la tierra; llegan y devoran el país con sus habitantes, la ciudad con sus vecinos.

17Yo envío contra vosotros serpientes venenosas, contra las que no valen encantamientos, os picarán mortalmente -oráculo del Señor-.

18El pesar me abruma, mi corazón desfallece,

19al oír desde lejos el grito de auxilio de la capital: ¿No está el Señor en Sión, no está allí su Rey? ¿No me irritaron con sus ídolos, ficciones importadas?

20Pasó la cosecha, se echó el verano, y no hemos recibido auxilio.

21Por la aflicción de la capital ando afligido, atenazado de espanto:

22¿No queda bálsamo en Galaad, no quedan médicos? ¿Por qué no se cierra la herida de la capital de mi pueblo?

23¡Quién diera agua a mi cabeza y a mis ojos una fuente de lágrimas para llorar día y noche a los muertos de la capital!

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