Jeremías 26
Biblia del Peregrino (1993) ›1Al comienzo del reinado de Joaquín, hijo de Josías, rey de Judá, el Señor dirigió la palabra a Jeremías:
2Así dice el Señor: Ponte en el atrio del templo y di a todos los vecinos de los pueblos de Judá que vienen al templo a adorar al Señor, todo lo que yo te mando decir; no dejes ni una palabra.
3A ver si se convierte cada uno de su mala conducta y yo puedo arrepentirme del castigo que preparo contra ellos por sus malas acciones.
4Les dirás: Así dice el Señor: Si no me obedecéis, siguiendo la ley que yo os promulgué,
5y escuchando lo que os dicen mis siervos los profetas, que yo os envío sin cesar, aunque vosotros no escucháis,
6yo trataré este templo como el de Siló, y esta ciudad será fórmula de maldición para todas las naciones.
7Los sacerdotes, los profetas y toda la gente oyeron a Jeremías pronunciar este discurso en el templo;
8y cuando terminó de decir todo lo que el Señor le había mandado decir al pueblo, lo prendieron los sacerdotes, los profetas y la gente, diciéndole: Eres reo de muerte.
9¿Por qué profetizas en Nombre del Señor diciendo que este templo será como el de Siló y esta ciudad quedará en ruinas y deshabitada? La gente se amotinó contra Jeremías en el templo.
10Se enteraron de todo los dignatarios de Judá y, subiendo del palacio real al templo, se sentaron en el tribunal de la Puerta Nueva.
11Los sacerdotes y los profetas dijeron a los dignatarios y a la gente: Este hombre merece la muerte por haber profetizado contra esta ciudad; vosotros mismos lo habéis oído.
12Contestó Jeremías a los dignatarios y al pueblo: El Señor me envió a profetizar todo lo que habéis oído contra este templo y esta ciudad.
13Y ahora enmendad vuestra conducta y vuestras acciones, obedeced al Señor, vuestro Dios, y el Señor se arrepentirá de las amenazas que ha proferido contra vosotros.
14Yo estoy en vuestras manos: haced de mí lo que mejor os parezca.
15Pero que conste; si vosotros me matáis, os cargáis con sangre inocente vosotros, la ciudad y sus vecinos. Porque ciertamente me ha enviado el Señor a vosotros a predicaros todo lo que he dicho.
16Los dignatarios y toda la gente dijeron a los sacerdotes y profetas: Este hombre no merece la muerte, porque nos ha hablado en nombre del Señor, nuestro Dios.
17Entonces se levantaron algunos ancianos y dijeron a toda la asamblea del pueblo:
18Miqueas de Moréset profetizó durante el reinado de Ezequías, rey de Judá, y dijo a los judíos: Así dice el Señor Todopoderoso: Sión será un campo arado, Jerusalén será una ruina, el monte del templo un cerro de breñas.
19¿Le dieron muerte Ezequías, rey de Judá, y todo el pueblo? ¿No respetaron al Señor y lo calmaron y el Señor se arrepintió de la amenaza que había proferido contra ellos? Nosotros, en cambio, estamos a punto de cargarnos con un crimen enorme.
20Hubo otro profeta que profetizó en nombre del Señor: Urías, hijo de Semayas, natural de Quiriat Yearim. Profetizó contra esta ciudad y este país lo mismo que Jeremías.
21El rey Joaquín, con sus guardias y dignatarios, lo oyeron, y el rey intentó matarlo; pero Urías se enteró y, atemorizado, huyó a Egipto.
22Entonces el rey Joaquín despachó a Egipto a Elnatán, hijo de Acbor, con su destacamento.
23Sacaron a Urías de Egipto y se lo llevaron al rey Joaquín, el cual lo hizo ajusticiar y arrojar su cadáver en la sepultura común.
24Entonces Ajicán, hijo de Safán, se hizo cargo de Jeremías para que no lo entregaran a ser ejecutado por el pueblo.