Isaías 52
Biblia del Peregrino (1993) ›1¡Despierta, despierta, vístete de tu fuerza, Sión; vístete el traje de gala, Jerusalén, Santa Ciudad!, porque no volverán a entrar en ti incircuncisos ni impuros.
2Sacúdete el polvo, ponte en pie, Jerusalén cautiva; desátate las correas del cuello,
3porque así dice el Señor: De balde fuisteis vendidos y sin pagar os rescataré.
4Porque así dice el Señor: Al principio mi pueblo bajó a Egipto, para residir allí como extranjero; al final, Asur lo oprimió.
5Pero ahora, ¿qué hago yo aquí? oráculo del Señor . A mi pueblo se lo llevan de balde, sus dominadores lanzan aullidos oráculo del Señor y todo el día sin cesar ultrajan mi Nombre.
6Por eso mi pueblo reconocerá mi Nombre, comprenderá aquel día que era yo el que hablaba, y aquí estoy.
7¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del heraldo que anuncia la paz, que trae la buena nueva, que pregona la victoria, que dice a Sión: Ya reina tu Dios!
8Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro, porque ven cara a cara al Señor, que vuelve a Sión.
9Romped a cantar a coro, ruinas de Jerusalén, que el Señor consuela a su pueblo, rescata a Jerusalén.
10El Señor desnuda su santo brazo a la vista de todas las naciones, y verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios.
11¡Fuera, fuera! Salid de allí, no toquéis nada impuro. ¡Salid de ella! ¡Purificaos, portadores del ajuar del Señor!
12No saldréis apresurados ni os iréis huyendo, pues en cabeza marcha el Señor, y en la retaguardia, el Dios de Israel.
13Mirad, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho.
14Como muchos se espantaron de él, porque desfigurado no parecía hombre ni tenía aspecto humano;
15así asombrará a muchos pueblos; ante él los reyes cerrarán la boca, al ver algo que nunca se había visto y contemplar algo inaudito.