Isaías 51
Biblia del Peregrino (1993) ›1Escuchadme, los que vais tras la justicia, los que buscáis al Señor: Mirad la roca de donde os tallaron, la cantera de donde os extrajeron;
2mirad a Abrahán, vuestro padre; a Sara, que os dio a luz: cuando lo llamé, era uno, pero lo bendije y lo multipliqué.
3El Señor consuela a Sión, consuela a sus ruinas: convertirá su desierto en un edén, su yermo en paraíso del Señor; allí habrá gozo y alegría, con acción de gracias al son de instrumentos.
4Hazme caso, pueblo mío; nación mía, dame oído; porque de mí sale la ley, mi mandato es la luz de los pueblos.
5En un momento haré llegar mi victoria, amanecerá como el día mi salvación, mi brazo gobernará los pueblos: me están aguardando las islas, ponen su esperanza en mi brazo.
6Levantad los ojos al cielo, mirad abajo, a la tierra: el cielo se disipa como humo, la tierra se gasta como ropa, sus habitantes mueren como mosquitos; pero mi salvación dura por siempre, mi victoria no tendrá fin.
7Escuchadme los entendidos en derecho, el pueblo que lleva mi ley en el corazón: no temáis la afrenta de los hombres, no desmayéis por sus oprobios:
8Pues la polilla los roerá como a la ropa, como los gusanos roen la lana; pero mi victoria dura por siempre, mi salvación de edad en edad.
9¡Despierta, despierta; revístete de fuerza, brazo del Señor; despierta como antaño, en las antiguas edades! ¿No eres tú quien destrozó al monstruo y traspasó al dragón?
10¿No eres tú quien secó el mar y las aguas del Gran Océano; el que hizo un camino por el fondo del mar para que pasaran los redimidos?
11Los rescatados del Señor volverán: vendrán a Sión con cánticos, en cabeza alegría perpetua, siguiéndolos gozo y alegría, pena y aflicción se alejarán.
12Yo, yo soy vuestro consolador. ¿Quién eres tú para temer a un mortal, a un hombre que será como hierba?
13Olvidaste al Señor que te hizo, que desplegó el cielo y cimentó la tierra. Y temías sin cesar, todo el día, la furia del opresor, cuando se disponía a destruir. ¿Dónde ha quedado la furia del opresor?
14Se suelta a toda prisa el preso encorvado, no morirá en el calabozo ni le faltará el pan.
15Yo, el Señor, tu Dios, agito el mar, y rugen sus olas: mi Nombre es Señor Todopoderoso.
16Puse en tu boca mi Palabra, te cubrí con la sombra de mi mano; extiendo el cielo, cimento la tierra, y digo a Sión: Mi pueblo eres tú.
17¡Espabílate, espabílate, levántate, Jerusalén!, que bebiste de la mano del Señor la copa de su ira, y apuraste hasta el fondo el cuenco del vértigo.
18Entre los hijos que engendró, no hay quien la guíe; entre los hijos que crió, no hay quien la lleve de la mano:
19esos dos males te han sucedido, ¿quién te compadece?; ruina y destrucción, hambre y espada, ¿quién te consuela?
20Tus hijos yacen desfallecidos en las encrucijadas, como antílope en la red, repletos de la ira del Señor, del reproche de tu Dios.
21Por tanto, escúchalo, desgraciada; borracha y no de vino.
22Así dice el Señor, tu Dios, defensor de su pueblo: Mira, yo quito de tu mano la copa del vértigo, no volverás a beber del cuenco de mi ira;
23lo pondré en la mano de tus verdugos, que te decían: Dobla el cuello, que pasemos encima; y presentaste la espalda como suelo, como calle para los transeúntes.