Hebreos 8
Biblia del Peregrino (1993) ›1Llego al punto central de mi exposición. Tenemos un sumo sacerdote que tomó asiento en el cielo a la diestra del trono de la Majestad,
2oficiante del santuario y de la tienda auténtica, plantada por el Señor y no por hombres.
3Todo sumo sacerdote es nombrado para ofrecer dones y sacrificios; luego también éste necesitaba algo que ofrecer.
4Si estuviera en la tierra, no sería sacerdote, ya que hay otros que ofrecen legalmente dones.
5Éstos ofician en una figura y sombra de lo celeste, como dice el oráculo que recibió Moisés para fabricar la tienda: Atención, haz todo según el modelo que te mostraron en el monte.
6Ahora bien, a él le toca un ministerio superior, ya que es mediador de una alianza mejor, instituida sobre promesas mejores.
7Pues si la primera hubiera sido irreprochable, no habría lugar para la segunda.
8Pero él pronuncia un reproche: Mirad que llegan días oráculo del Señor en que haré una alianza nueva con la Casa de Israel y con la Casa de Judá;
9no será como la alianza que hice con sus padres, cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto; pues ellos no se atuvieron a mi alianza y yo me desentendí de ellos dice el Señor .
10Así será la alianza que haré con la Casa de Israel en el futuro oráculo del Señor : Pondré mi ley en su pecho, la escribiré en su corazón; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.
11No tendrá que instruir uno a su prójimo, otro a su hermano, diciendo: tienes que conocer al Señor; porque todos, grandes y pequeños me conocerán.
12Pues yo perdonaré sus culpas y olvido sus pecados.
13Al decir nueva, declara vieja la primera. Y lo que envejece y queda anticuado está a punto de desaparecer.