Filipenses 3
Biblia del Peregrino (1993) ›1Por lo demás, hermanos míos, estad alegres en el Señor. Repetiros por carta lo mismo, para mí no es gravoso y a vosotros os asegura.
2¡Cuidado con los perros, cuidado con los chapuceros, cuidado con los mutilados!
3Somos nosotros los circuncidados, los que servimos a Dios en espíritu, ponemos en el Mesías nuestra gloria y no nos apoyamos en méritos corporales.
4Si bien yo podría apoyarme en ellos. Y si alguno aduce méritos semejantes yo con más razón.
5Circuncidado el octavo día, israelita de raza, de la tribu de Benjamín, hebreo hijo de hebreos; respecto a la ley fariseo,
6celoso perseguidor de la Iglesia; en lo que toca a la justicia legal, irreprochable.
7[Pero lo que para mí era ganancia lo consideré, por el Mesías, pérdida.
8Más aún, todo lo considero pérdida comparado con el superior conocimiento del Mesías Jesús, mi Señor; por el cual doy todo por perdido y lo considero basura con tal de ganarme al Mesías
9y estar unido a él. No contando con una justicia mía basada en la ley, sino en la fe en el Mesías, la justicia que Dios concede al que cree.
10¡Oh!, conocerle a él y el poder de su resurrección, y la participación en sus sufrimientos; configurarme con su muerte
11para ver si alcanzo la resurrección de la muerte.
12No es que lo haya conseguido ya, ni que sea ya consumado; yo continúo para alcanzarlo, como el Mesías [Jesús me alcanzó.
13Hermanos, yo no pienso tenerlo ya conseguido. Únicamente, olvidando lo que queda atrás, me esfuerzo por lo que hay por delante
14y corro hacia la meta, hacia el premio al cual me llamó Dios desde arriba por medio del Mesías Jesús.
15Por tanto, los que somos maduros, debemos pensar así; y si alguno piensa de otro modo, Dios os lo revelará.
16Ahora bien, el punto al que hemos llegado nos marcará la dirección.
17Hermanos, procurad todos imitarme y fijaos en los que proceden según el ejemplo que tenéis en mí.
18Muchos os lo decía frecuentemente y ahora os lo digo llorando proceden como enemigos de la cruz del Mesías:
19su destino es la perdición, su dios es el vientre, su honor lo que es vergonzoso, su mentalidad es terrena.
20Nosotros, en cambio, somos ciudadanos del cielo, de donde esperamos recibir al Señor Jesucristo;
21el cual transformará nuestro cuerpo humilde en la forma de su cuerpo glorioso, con la eficacia con que puede someterse todo.