Eclesiástico (Sirácide) 38
Biblia del Peregrino (1993) ›1Respeta al médico, pues lo necesitas, también a él lo ha creado Dios.
2El médico recibe su ciencia de Dios y del rey su sustento.
3Por su ciencia lleva alta la cabeza y se presenta ante los nobles.
4Dios hace que la tierra produzca remedios: el hombre prudente no los desdeñará.
5¿No endulzó el agua con una rama, mostrando así a todos su poder?
6Dios concedió al hombre inteligencia para que se gloríe de la eficacia divina,
7El médico alivia con plantas los dolores y el boticario prepara sus ungüentos.
8así no cesa la actividad de Dios, ni la destreza de los hijos de Adán.
9Hijo mío, cuando caigas enfermo, no te descuides, reza a Dios, y él hará que te sanes;
10huye del delito, lava tus manos y limpia tu corazón de todo pecado;
11ofrece, sí, un sacrificio agradable, según tus posibilidades;
12pero deja actuar también al médico, y no lo rechaces, porque también a él lo necesitas;
13hay momentos en que de él depende el éxito,
14y también él reza a Dios para que le dé acierto al diagnosticar y al aplicar la medicina saludable.
15Peca contra su Hacedor el que se hace fuerte frente al médico.
16Hijo mío, por el muerto derrama lágrimas, gime y entona el canto fúnebre; dale sepultura, según lo merece, y no faltes a su funeral;
17llora de dolor, guárdale luto y hazle el duelo que merece, uno o dos días para las lágrimas, después consuélate de la pena;
18pues la aflicción acarrea la muerte y la tristeza desgasta las fuerzas;
19en la desgracia se prolonga la pena, la vida del pobre le aflige el corazón.
20No vuelvas a estar pensando en él, desecha su recuerdo y acuérdate del fin;
21No sigas recordándolo, pues no tiene esperanza; a él no le aprovecha, a ti te perjudicas.
22recuerda su ley, que es la tuya: él ayer, hoy tú.
23Cuando muere, cesa su memoria; consuélate una vez que ha expirado.
24El ocio del escritor aumenta su sabiduría, el que está poco ocupado se hará sabio.
25¿Cómo se hará sabio el que agarra el arado y su orgullo es manejar la aguijada? El que guía los bueyes, dirige los toros y sólo se ocupa de los novillos,
26se desvela por arreglar el establo y se preocupa de trazar los surcos.
27Lo mismo el artesano y el tejedor, que emplean la noche como el día. Los que esculpen relieves de sellos procurando variar los diseños se esfuerzan por imitar la vida y se desvelan por terminar la tarea.
28Lo mismo el herrero, sentado junto al yunque, concentrado en trabajar el hierro; el soplo del fuego le seca la carne, mientras brega en el calor del horno; el ruido del martillo lo ensordece, mientras se fija en el modelo de la herramienta; se esfuerza por dar término a su tarea y se desvela por perfilar la obra.
29Lo mismo el alfarero, sentado al trabajo, hace girar el torno con los pies, siempre preocupado por su tarea y trabajando para completar el cupo;
30con el brazo modela la arcilla y ablanda su resistencia con los pies; se esfuerza por terminar el barnizado y se desvela por tener limpio el horno.
31Todos éstos se fían de su destreza y son expertos en su oficio;
32sin su trabajo la ciudad no tiene casa ni habitantes ni transeúntes;
33con todo, no les eligen senadores ni descuellan en la asamblea, no toman asiento en el tribunal ni discuten la justa sentencia,
34no exponen su doctrina o su decisión ni entienden de proverbios; aunque mantienen la vieja creación, ocupados en su trabajo artesano.