1 Samuel 26
Biblia del Peregrino (1993) ›1Los de Zif fueron a Guibeá a informar a Saúl: David está escondido en el cerro de Jaquilá, en la vertiente que da a la estepa.
2Entonces Saúl emprendió la bajada hacia el páramo de Zif, con tres mil soldados israelitas, para dar una batida en busca de David.
3Acampó en el cerro de Jaquilá en la vertiente que da a la estepa, junto al camino. Cuando David, que vivía en el páramo, vio que Saúl venía a por él,
4despachó unos espías para averiguar dónde estaba Saúl.
5Entonces fue hasta el campamento de Saúl y se fijó en el sitio donde se acostaban Saúl y Abner, hijo de Ner, general del ejército; Saúl estaba acostado en el cercado de carros y la tropa acampaba alrededor.
6David preguntó a Ajimélec, el hitita, y a Abisay, hijo de Seruyá, hermano de Joab: ¿Quién quiere venir conmigo al campamento de Saúl? Abisay dijo: Yo voy contigo.
7David y Abisay llegaron de noche al campamento. Saúl estaba echado, durmiendo en medio del cercado de carros, la lanza hincada en tierra a la cabecera. Abner y la tropa estaban echados alrededor.
8Entonces Abisay dijo a David: Dios te pone el enemigo en la mano. Voy a clavarlo en tierra de una lanzada; no hará falta repetir el golpe.
9Pero David le dijo: ¡No lo mates, que no se puede atentar impunemente contra el ungido del Señor!
10¡Vive Dios, que sólo el Señor lo herirá: le llegará su hora y morirá, o acabará cayendo en la batalla!
11¡Dios me libre de atentar contra el ungido del Señor! Toma la lanza que está a la cabecera y el botijo y vámonos.
12David tomó la lanza y el botijo de la cabecera de Saúl y se marcharon. Nadie los vio, ni se enteró, ni despertó; estaban todos dormidos, porque los había invadido un letargo enviado por el Señor.
13David cruzó a la otra parte, se plantó en la cima del monte, lejos, dejando mucho espacio en medio,
14y gritó a la tropa y a Abner, hijo de Ner: Abner, ¿no respondes? Abner preguntó: ¿Quién eres tú, que gritas al rey?
15David le dijo: ¡Pues sí que eres todo un hombre! ¡El mejor de Israel! ¿Por qué no has guardado al rey, tu señor, cuando uno del pueblo entró a matarlo?
16¡No te has portado bien! ¡Vive Dios!, que merecéis la muerte por no haber guardado al rey, vuestro señor, al ungido del Señor. Mira dónde está la lanza del rey y el botijo que tenía a la cabecera.
17Saúl reconoció la voz de David, y dijo: ¿Es tu voz, David, hijo mío? David respondió: Es mi voz, majestad.
18Y añadió: ¿Por qué me persigues así, mi señor? ¿Qué he hecho, qué culpa tengo?
19Que vuestra majestad se digne escucharme: si es el Señor quien te instiga contra mí, apláquese con una oblación; pero si son los hombres, ¡malditos sean del Señor!, porque me expulsan hoy y me impiden participar en la herencia del Señor, diciéndome que vaya a servir a otros dioses.
20Que mi sangre no caiga en tierra, lejos de la presencia del Señor, ya que el rey de Israel ha salido persiguiéndome a muerte, como se caza una perdiz por los montes.
21Saúl respondió: ¡He pecado! Vuelve, hijo mío, David, que ya no te haré nada malo, por haber respetado hoy mi vida. He sido un necio, me he equivocado totalmente.
22David respondió: Aquí está la lanza del rey. Que venga uno de los mozos a recogerla.
23El Señor pagará a cada uno su justicia y su lealtad. Porque él te puso hoy en mis manos, pero yo no quise atentar contra el ungido del Señor.
24Que como yo he respetado hoy tu vida, respete el Señor la mía y me libre de todo peligro.
25Entonces Saúl le dijo: ¡Bendito seas, David, hijo mío! Tendrás éxito en todas tus cosas. Luego David siguió su camino, y Saúl volvió a su palacio.