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1 Samuel 24

Biblia del Peregrino (1993)

1David subió de allí y se instaló en los riscos de Engadí.

2Cuando Saúl volvió de perseguir a los filisteos, le avisaron: David está en el páramo de Engadí.

3Entonces Saúl, con tres mil soldados de todo Israel, marchó en busca de David y su gente, hacia las Suré Hayelim;

4llegó a unos apriscos de ovejas junto al camino, donde había una cueva, y entró a hacer sus necesidades. David y los suyos estaban en lo más hondo de la cueva.

5Sus hombres le dijeron a David: Éste es el día del cual te dijo el Señor: Yo te entrego tu enemigo. Haz con él lo que quieras. Pero él se levantó sin hacer ruido y le cortó a Saúl el borde del manto;

6aunque más tarde le remordió la conciencia por haberle cortado a Saúl el borde del manto.

7Pero él les respondió: ¡Dios me libre de hacer eso a mi señor, el ungido del Señor, extender la mano contra él! ¡Es el ungido del Señor!

8Y les prohibió tajantemente echarse contra Saúl; cuando Saúl se levantó, salió de la cueva y siguió su camino,

9David se levantó, salió de la cueva detrás de Saúl y le gritó: ¡Majestad! Saúl se volvió a ver, y David se postró rostro en tierra, rindiéndole vasallaje.

10Le dijo: ¿Por qué haces caso a lo que dice la gente, que David anda buscando tu ruina?

11Mira, lo estás viendo hoy con tus propios ojos: el Señor te había puesto en mi poder dentro de la cueva; me dijeron que te matara, pero te respeté, y dije que no extendería la mano contra mi señor, porque eres el ungido del Señor.

12Padre mío, mira en mi mano el borde de tu manto; si te corté el borde del manto y no te maté, ya ves que mis manos no están manchadas de maldad, ni de traición, ni de ofensa contra ti, mientras que tú me acechas para matarme.

13Que el Señor sea nuestro juez. Y que él me vengue de ti; que mi mano no se alzará contra ti.

14Como dice el viejo refrán: La maldad sale de los malos..., mi mano no se alzará contra ti.

15¿Tras de quién ha salido el rey de Israel? ¿A quién vas persiguiendo? ¡A un perro muerto, a una pulga!

16El Señor sea juez y sentencie nuestro pleito, vea y defienda mi causa, librándome de tu mano.

17Cuando David terminó de decir esto a Saúl, Saúl exclamó: Pero, ¿es ésta tu voz, David, hijo mío? Luego alzó la voz llorando,

18mientras decía a David: ¡Tú eres inocente y no yo! Porque tú me has pagado con bienes y yo te he pagado con males,

19y hoy me has hecho el favor más grande, pues el Señor me entregó a ti y tú no me mataste.

20Porque si uno encuentra a su enemigo, ¿lo deja marchar por las buenas? ¡El Señor te pague lo que hoy has hecho conmigo!

21Ahora, mira, sé que tú serás rey y que el reino de Israel se consolidará en tu mano.

22Júrame, entonces, por el Señor, que no aniquilarás mi descendencia, que no borrarás mi apellido.

23David se lo juró. Saúl volvió a casa y David y su gente subieron a los riscos.

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