Mateo 20
Nueva Biblia de Jerusalén (1998) ›1Parábola de los obreros de la viña Cap. 20 Contratando hasta la tarde a obreros sin trabajo y dándoles a todos el jornal completo, el dueño de la viña da pruebas de una bondad que sobrepasa la justicia, sin lesionarla por lo demás. Así es Dios, que admite en su Reino a los que han llegado tarde, como los pecadores y paganos. Los llamados a primera hora (los judíos beneficiarios de la alianza desde Abrahán) no deben escandalizarse por ello. . «En efecto, el Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña.
2Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña.
3Salió luego hacia la hora tercia y al ver a otros que estaban en la plaza parados,
4les dijo: “Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo.”
5Y ellos fueron. Volvió a salir a la hora sexta y a la nona e hizo lo mismo.
6Todavía salió a eso de la hora undécima y, al encontrar a otros que estaban allí, les dice: “¿Por qué estáis aquí todo el día parados?”
7Dícenle: “Es que nadie nos ha contratado.” Díceles: “Id también vosotros a la viña.”
8Al atardecer, dice el dueño de la Lv 19:13 ; Dt 24:14-15 viña a su administrador: “Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros.”
9Vinieron, pues, los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno.
10Al venir los primeros pensaron que cobrarían más, pero ellos también cobraron un denario cada uno.
11Y al cobrarlo, murmuraban contra el propietario,
12diciendo: “Estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor.”
13Pero él contestó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario?
14Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti.
15¿Es que no Rm 9:19-21 puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?”.
16Así, los últimos serán primeros y los primeros, Mt 19:30 últimos 20:16 Adic.: «Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos», sin duda tomado de Mt 22:14 . .»
17Tercer anuncio | Mc 10:32-34 ; | Lc 18:31-33 de la Pasión. Cuando iba subiendo Jesús a Jerusalén, tomó aparte a los Doce, y les dijo por el camino:
18«Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los sumos Mt 16:21 ; Mt 17:12 , Mt 17:22 sacerdotes y escribas; le condenarán a muerte
19y le entregarán a los gentiles, para burlarse de él, azotarle y crucificarle, Hch 10:40+ y al tercer día resucitará.»
20Petición de | Mc 10:35-40 la madre de los hijos de Zebedeo. Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, y se postró como para pedirle algo.
21Él le dijo: «¿Qué quieres?» Dícele ella: «Manda que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha Mt 19:28 y otro a tu izquierda, en tu Reino 20:21 Los apóstoles esperan una manifestación inmediata y gloriosa del Reino de Cristo, que de hecho será diferida hasta su segundo advenimiento, ver Mt 4:17+ ; Hch 1:6+ . .» Mc 4:13+ ; Mt 26:39 ; Jn 18:11
22Replicó Jesús: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa 20:22 Metáfora bíblica, ver Is 51:17+ , que aquí designa la Pasión cercana. que yo voy a beber?» Dícenle: «Sí, podemos.»
23Díceles: «Mi copa, sí la beberéis 20:23 (a) Herodes Agripa hizo morir a Santiago, hijo de Zebedeo, hacia el año 44, Hch 12:2 . Su hermano Juan, aunque no sufrió el martirio, no estuvo menos estrechamente asociado a los sufrimientos del Maestro. ; pero sentarse a mi derecha o mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado por mi Padre 20:23 (b) La misión de Cristo en la tierra no es la de repartir mercedes a los hombres, sino la de sufrir para salvarlos, ver Jn 3:17 ; Jn 12:47 . .»
24Los jefes | Mc 10:41-45 ; | Lc 22:24-27 deben servir. Al oír esto los otros diez, se indignaron contra los dos hermanos.
25Mas Jesús los llamó y dijo: «Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder.
26No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor,
27y Mc 9:35 ; Jn 13:4-15 el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo;
28de la Mt 8:20+ misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir Mt 26:28 ; Rm 5:6-21 ; 1 Tm 2:6 y a dar su vida como rescate 20:28 (a) Los pecados de los hombres arrastran una deuda ante la Justicia divina, la pena de muerte exigida por la Ley, ver 1 Co 15:56 ; 2 Co 3:7 ; 2 Co 3:9 ; Ga 3:13 ; Rm 8:3-4 (y las notas). Para librarles de esta esclavitud del pecado y de la muerte, Rm 3:24+ , Jesús pagará el rescate y saldará la deuda dando el precio de su sangre, 1 Co 6:20 ; 1 Co 7:23 ; Ga 3:13 ; Ga 4:5 (y las notas), es decir, muriendo en lugar de los culpables, como estaba anunciado del «Siervo de Yahvé», Is 53. El término semítico traducido por «muchos», Is 53:11 , contrapone el gran número de los rescatados al único Redentor, sin querer decir que tal número sea limitado, Rm 5:6-21 . Ver Mt 26:28+ . por muchos 20:28 (b) Algunos testigos añaden aquí un pasaje que sin duda procede de algún evangelio apócrifo: «Mas vosotros tratáis de haceros de pequeños grandes, y de grandes os hacéis pequeños. Cuando vayáis a un banquete al que se os ha invitado, no ocupéis los puestos de honor, no sea que llegue uno más digno que tú, y acercándose el presidente del banquete te diga: “Ponte más abajo”, y quedes avergonzado. Mas si ocupas el puesto inferior y llega uno menos digno que tú, el presidente del banquete te dirá: “Ponte más arriba”, y ello te resultará beneficioso. » Ver Lc 14:8-10 . .»
29Los dos | Mc 10:46-52 ; | Lc 18:35-43 ciegos de Jericó. Cuando salían de Jericó, le siguió una gran muchedumbre.
30En esto, dos ciegos que estaban Mt 9:27-31 sentados junto al camino, al enterarse que Jesús pasaba, se pusieron a gritar: «¡Señor, ten compasión de nosotros, Hijo de Mt 9:27+ David!»
31La gente les increpó para que se callaran, pero ellos gritaron más fuerte: «¡Señor, ten compasión de nosotros, Hijo de David!»
32Entonces Jesús se detuvo, los llamó y dijo: «¿Qué queréis que os haga?»
33Dícenle: «¡Señor, que se abran nuestros ojos!»
34Movido a compasión Jesús tocó sus ojos, y al Mt 8:3+ instante recobraron la vista; y le siguieron.