2 Macabeos 9
Sagrada Biblia (Jünemann) ›12 MACABEOS 9 2M 1 - 2M 2 - 2M 3 - 2M 4 - 2M 5 - 2M 6 - 2M 7 - 2M 8 - 2M 9 - 2M 10 - 2M 11 - 2M 12 - 2M 13 - 2M 14 - 2M 15 Índice de libros Muerte de Antíoco Epífanes Y alrededor de aquel tiempo tocaba a Antíoco volver desairado de los de la Persia lugares.
2Pues había entrado en la llamada Persépolis e intentado saquear el santuario y la ciudad oprimir; por lo cual, luego como las muchedumbres estrecharan con el de las armas auxilio, fueron fugados; y acaeció que, al ser fugado Antíoco por los lugareños, vergonzosa la retirada se le hizo.
3Pero, estando él por Ecbátana, al ocaso llególe lo que a Nicanor y a los en torno de Timoteo había acontecido.
4Y levantado por la cólera, pensaba hasta la de los que le habían fugado maldad, a los judíos retornar; por lo cual mandó al auriga, que sin cesar tirando terminase el viaje, la del cielo ya justicia urgiéndole, pues tan altaneramente dijo: «Tumba común de judíos a Jerusalén haré, en llegando allá».
5Pero el Omnividente Señor, el Dios de Israel hirióle con insanable e invisible plaga; y apenas acabando él la palabra, cogióle cruel de las vísceras dolencia y amargos de lo interior tormentos,
6muy justamente al que con muchos y extraños padecimientos de otros las vísceras había atormentado.
7El, empero, de modo alguno en la soberbia cesaba y aun hasta de la altanería estaba lleno, fuego expirando por los ánimos contra los judíos, y mandando acelerar el viaje. Pero aconteció también caer él del carro que corría con estridor, y con grave despeño despeñándose, todos los miembros del cuerpo desconcertase.
8Y el que poco ha creía a las olas del piélago mandar por la sobrehumana soberbia, y con balanza la de los montes imaginaba altura pesar; por tierra caído en litera era conducido, manifiesta, de Dios, a todos la potencia demostrando;
9de modo que también del cuerpo del impío gusanos bullían, y vivo en dolores y tormentos, sus carnes íbanse cayendo, y por el olor de él, todo el ejército se molestaba por la putrefacción.
10Y el que poco antes los celestes astros tocar creía, conducir nadie podía, por la del olor intolerable pesadumbre.
11Aquí, pues, empezó de lo mucho de su soberbia a desistir herido, y a conocimiento venir, con el divino flagelo, por momentos, intensificándose sus dolores.
12Y ni el olor propio pudiendo soportar, esto dijo: «Justo a. Es. someterse a Dios, y no, el que mortal es, cosas iguales a Dios sentir soberbiamente».
13Y oraba el contaminado al que ya no se apiadaría de él Dominador, así diciendo que,
14la santa ciudad ciertamente a la que presuroso venía, para suelo raso hacerla, y tumba común edificar, libre declararía;
15y que a los judíos que había estimado ni de sepultura ser dignos, sino devoraderos de aves, con los pequeñuelos arrojar fuera a las fieras; a todos ellos iguales a atenienses hacía;
16y que al que primero despojó el santo templo, con los más hermosos dones ornaría y los sagrados vasos multiplicados todos devolvería, y las pertenecientes a los sacrificios expensas, de los propios réditos suministraría;
17y que, demás de esto, también judío se haría y todo lugar habitable recorrería anunciando el de Dios poder».
18Pero en manera alguna cesando los dolores (pues había venido sobre él justa la de Dios sentencia), de lo de él desesperado escribió a los judíos la infrascrita epístola, que de súplica estilo tenía y estaba redactada así:
19«A los buenos judíos, los ciudadanos muchísima salud y sanidad y bienestar, rey y estratego Antíoco.
20Si están bien y los hijos y lo propio conforme a deseo tenéis, doy ciertamente a Dios las mayores gracias, en cielo la esperanza teniendo b. V.: «Tenéis, damos las mayores gracias». .
21Yo, aunque enfermo, yacía, de vuestra honra y benevolencia me acordaba tierna, amorosamente, retornando de los en torno de la Persia lugares, y cayendo en enfermedad que gravedad tiene, necesario he creído pensar en la común de todos seguridad.
22No desesperando por lo tocante a mí, sino teniendo mucha esperanza de escapar de la enfermedad;
23pero, viendo que también el padre (por los tiempos que en los superiores lugares expedicionó) designó al sucesor;
24a fin de que, si algo imprevisto ocurriese, o también se anunciase algo grave, sabiendo los de la región a quien estaban dejadas las cosas, no se perturbaran.
25Y, además de esto, considerando a los finítimos dinastas y los vecinos al reino, que a los tiempos atendiendo, aguardan a lo que sucediere, he designado a mi hijo Antíoco, rey; a quien muchas veces, recorriendo yo las superiores satrapías, a los más de vosotros presentaba y recomendaba; (y he escrito, a él lo infraescrito).
26Ruégoos, pues, y pido que acordándoos de los beneficios en común y en particular, cada cal conserve la presente benevolencia para conmigo y el hijo mío.
27Pues estoy persuadido de que él moderada y filantrópicamente, siguiendo mi propósito, habrá de conducirse con vosotros».
28Pues bien, el homicida y blasfemo, tras lo peor padecer, como a otros había tratado, en tierra extraña, en los montes, de misérrima suerte, terminó la vida.
29Y conducía el cuerpo Filipo, su colactáneo; el que también, temiendo al hijo de Antíoco, a Ptolomeo Filométor, a Egipto se retiró.