Salmos 55
Católica Biblia de Jerusalén ›1Escucha, oh Dios, mi oración, no te retraigas a mi súplica,
2dame oídos, respóndeme, en mi queja me agito. Gimo
3ante la voz del enemigo, bajo el abucheo del impío; pues vierten sobre mí falsedades y con saña me hostigan.
4Se me estremece dentro el corazón, me asaltan pavores de muerte;
5miedo y temblor me invaden, un escalofrío me atenaza.
6Y digo: ¡Quién me diera alas como a la paloma para volar y reposar!
7Huiría entonces lejos, en el desierto moraría.
8En seguida encontraría un asilo contra el viento furioso y la tormenta. Pausa.
9¡Oh, piérdelos, Señor, enreda sus lenguas!, pues veo discordia y altercado en la ciudad;
10rondan día y noche por sus murallas. Y dentro de ella falsedad y malicia,
11insidias dentro de ella, jamás se ausentan de sus plazas la tiranía y el engaño.
12Si todavía un enemigo me ultrajara, podría soportarlo; si el que me odia se alzara contra mí, me escondería de él.
13¡Pero tú, un hombre de mi rango, mi compañero, mi íntimo,
14con quien me unía una dulce intimidad, en la Casa de Dios! ¡Oh, váyanse en tumulto,
15caiga la muerte sobre ellos, vivos en el seol se precipiten, pues está el mal instalado en medio de ellos!
16Yo, en cambio, a Dios invoco, y Yahveh me salva.
17A la tarde, a la mañana, al mediodía me quejo y gimo: él oye mi clamor.
18En paz mi alma rescata de la guerra que me hacen: aunque sean muchos contra mí,
19Dios escucha y los humilla, él, que reina desde siempre. Pero ellos sin enmienda, y sin temor de Dios.
20Cada uno extiende su mano contra sus aliados, viola su alianza;
21más blanda que la crema es su boca, pero su corazón es sólo guerra; sus palabras, más suaves que el aceite, son espadas desnudas.
22Descarga en Yahveh tu peso, y él te sustentará; no dejará que para siempre zozobre el justo.
23Y tú, oh Dios, los hundirás en el pozo de la fosa, a los hombres de sangre y de fraude, sin alcanzar la mitad de sus días. Mas yo confío en ti.