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Job 40

Sagrada Biblia (CEE 2011)

1El Señor interpeló a Job:

2«¿Quiere el censor discutir con el Todopoderoso? | El que critica a Dios, que responda».

3Job respondió al Señor:

4«Me siento pequeño, ¿qué replicaré? | Me taparé la boca con la mano.

5Hablé una vez, no insistiré; | dos veces, nada añadiré».

6El Señor replicó a Job desde la tormenta *40:6 El segundo discurso, que comienza con el mismo reto que el primero, aborda no tanto la sabiduría de Dios cuanto su poder. :

7«Si eres hombre, cíñete los lomos; | voy a interrogarte, y tú me instruirás:

8¿Te atreves a violar mi derecho, | a condenarme por salir tú absuelto?

9¿Tienes el poder de Dios?, | ¿truena tu voz como la suya?

10¡Pues vístete de gloria y majestad, | cúbrete de fasto y esplendor,

11derrama la riada de tu cólera | y abate al soberbio con tu mirada;

12humilla con tu mirada al arrogante | y aplasta a los malvados donde estén;

13entiérralos juntos en el polvo, | venda sus rostros en la tumba!

14Entonces yo también te alabaré: | “Tu diestra te ha dado la victoria”.

15Contempla ahora a Behemot *40:15 La mención, en los versículos precedentes, de la dificultad de controlar el mal, desemboca ahora en la descripción de dos símbolos del Mal y el Caos: Behemot y Leviatán. Behemot es un plural femenino (de behemû, «bestia», «animal») que indica la excelencia suprema de algo. En tal caso, significaría la animalidad en su manifestación más bruta e incontrolable. La tradición interpretativa lo ha identificado con el hipopótamo. ; | es mi criatura, como tú; | se alimenta de hierba, como el buey.

16Fíjate en la fuerza de sus lomos, | en el vigor de los músculos del vientre;

17empina su cola como un cedro, | se traban los nervios de sus muslos;

18sus huesos son tubos de bronce, | sus miembros son barras de hierro.

19Es la obra maestra de Dios, | su Hacedor lo amenazó con la espada.

20Los montes le pagan su tributo, | junto a él retozan las bestias.

21Se tumba debajo de los lotos, | oculto en el carrizal de la marisma;

22los lotos lo cubren con su sombra, | los sauces del río lo protegen.

23No teme que el río se desborde, | que un Jordán espumee en su hocico.

24¡A ver quién lo atrapa si él lo advierte, | o le perfora la nariz con ganchos!

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