Marcos 8
Nuevo Testamento CEBIHA ›1SEGUNDA MULTIPLICACIÓN DE LOS PANES (Mt 15, 32).— Por aquellos días, reunido de nuevo gran gentío, y sin tener qué comer, llamó a sus discípulos, y les dijo:
2Me da lástima esta gente, que lleva ya tres días conmigo, y no tiene qué comer;
3si los despido ayunos a sus casas, desfallecerán en el camino; pues algunos vinieron de lejos.
4Sus discípulos le respondieron: ¿Cómo se les podría hartar de pan aquí en el desierto?
5Y les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Ellos dijeron: Siete.
6Manda entonces a las gentes que se sienten en el suelo, y, tomando los siete panes, dio gracias, los partió y los dio a sus discípulos, para que los sirviesen; y sirvieron a la muchedumbre.
7Tenían además unos pocos pececillos, y, habiéndolos bendecido, dijo que los sirviesen también.
8Comieron y se hartaron, y recogieron de los trozos sobrantes siete espuertas.
9Eran como unos cuatro mil, y los despidió.
10PIDEN UNA SEÑAL (Mt 16, 1).— Subiendo en seguida a la barca con sus discípulos, vino a la región de Dalmanuta.
11Salieron los fariseos, y comenzaron a disputar con Él, pidiéndole, para probarle, algún prodigio del cielo.
12Lanzando Él un profundo suspiro, dijo: ¿A qué pide esta generación un prodigio? Os aseguro que no se le dará ningún prodigio.
13Y dejándolos, se embarcó de nuevo y se dirigió a la ribera opuesta.
14LEVADURA DE LOS FARISEOS.— Se olvidaron de tomar panes, y sólo un pan tenían consigo en la barca.
15Y como los amonestase: ¡Mirad!, guardaos del fermento de los fariseos y del fermento de Herodes,
16ellos disputaban unos con otros de que no tenían panes.
17Conociéndolo Jesús, les dijo: ¿Qué vais discutiendo de que no tenéis panes? ¿Aún no entendéis ni comprendéis? ¿Tenéis encallecido vuestro corazón?
18¿Teniendo ojos no véis, y teniendo oídos no oís? ¿No recordáis
19de cuando partí los cinco panes para los cinco mil, y cuántos cestos llenos de trozos sobrantes recogisteis? Le dijeron: doce.
20Y cuando los siete para los cuatro mil, ¿cuántas espuertas llenas de trozos recogisteis? Y dicen: siete.
21Y les dijó: ¿Y aún no comprendéis?
22EL CIEGO DE BETSAIDA.— Llegan a Betsaida, le traen un ciego y le ruegan que le toque.
23Tomando de la mano al ciego, le sacó fuera de la aldea; puso saliva en sus ojos e imponiendo sobre él las manos, le preguntó: ¿Ves algo?
24Y comenzando a ver decía: Veo los hombres, porque percibo como árboles que andan.
25Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y vio claramente, recobró la vista y veía a lo lejos todo.
26Entonces lo envió a su casa diciéndole: Ni siquiera entres en la aldea.
27CONFESIÓN DE PEDRO (Mt 16, 13; Lc 9, 18).— Salió Jesús con sus discípulos para las aldeas de Cesárea de Filipo; y en el camino les preguntaba: ¿Quién dicen que soy yo?
28Ellos le dijeron: Juan el Bautista; otros, Elías, y otros, que uno de los profetas.
29Y Él les preguntó a ellos: Pero vosotros, ¿quién decís que soy yo? Y Pedro le respondió: Tú eres el Cristo.
30Y les encargó severamente que a nadie lo dijeran.
31EL MISTERIO DE LA CRUZ (Mt 16, 21; Lc 9, 22).— Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía padecer mucho y ser «rechazado por los ancianos, por los pontífices y por los escribas, y ser muerto, y resucitar a los tres días.
32Y lo decía con toda claridad. Tomóle entonces consigo Pedro, y se puso a disuadirlo.
33Mas Él, volviéndose y mirando a sus discípulos, increpó así a Pedro: Lejos de mí, Satanás, que no aprecias las cosas de Dios, sino las de los hombres.
34Y llamando a la turba y a sus discípulos juntamente, les dijo: El que quiera venir en pos de mí, niegúese a sí mismo, tome su cruz, y sígame.
35Pues el que quisiere salvar su vida, la perderá, pero quien perdiere su vida por mí y por el evangelio la salvará.
36¿ De qué vale al hombre ganar el mundo entero y perder su alma ?
37¿ Y qué dará el hombre a cambio de su alma?
38Porque quien se avergonzare de mí y de mis enseñanzas ante esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él, cuando viniere en la gloria de su Padre con los santos ángeles.