Romanos 10
Biblia Serafín de Ausejo ›1Hermanos, el anhelo, de mi corazón y mi oración a Dios por ellos es para que alcancen salvación.
2Pues doy testimonio en favor de ellos: tienen celo por Dios, pero no en conformidad con un verdadero conocimiento.
3Pues no reconociendo la Justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se sometieron a esa Justicia de Dios.
4Porque el final de la ley es Cristo, para justificar a todo el que cree.
5Efectivamente, Moisés escribe acerca de la justicia procedente de la ley que «el hombre que la practique vivirá por ella» (Lv 18,5).
6Pero la justicia procedente de la fe habla así: «No digas en tu corazón. ¿Quién subirá al cielo?»(Dt 30,12), es decir, para hacer descender a Cristo;
7O «¿Quién bajará al abismo?» (Sal 107.26), es decir, para hacer subir a Cristo de entre los muertos.
8¿Qué dice, pues? «La palabra está cerca de ti, en tus labios y en tu corazón» (Dt 30,14), es decir, la palabra de la fe que proclamamos.
9Porque, si confiesas con tus labios que Jesús es Señor, y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo.
10Pues creerlo con el corazón conduce a justicia, y confesarlo con los labios conduce a salvación.
11Por eso dice la Escritura: «Ninguno de los que creen en él quedará defraudado» (Is 28,16).
12Pues no hay diferencia entre judío y griego, ya que uno mismo es el Señor de todos, que prodiga sus riquezas para con todos los que lo invocan;
13y «todo el que invoque el nombre del Señor, será salvo» (11 3,5).
14Ahora bien, ¿cómo podrían invocar a aquel en quien no tuvieron fe? ¿Y cómo podrán tener fe en aquel de quien no oyeron hablar? ¿Y cómo van a oír, sin que nadie lo proclame?
15¿Y cómo podrán proclamarlo, sin haber sido enviados? Como está escrito: «¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian cosas buenas!» (1s52,7).
16Pero no todos aceptaron el Evangelio. Ya lo dice Isaías: «Señor, ¿quién ha prestado fe a nuestro mensaje? (Is 53,1).
17Así que la fe viene de la predicación escuchada, y esta predicación se hace en virtud de la palabra de Cristo.
18Pero pregunto: ¿Es que no oyeron? ¡Claro que sí! «Por toda la tierra se difundió su voz, y hasta los confines del mundo llegaron sus palabras» (Sal 19,5).
19Pero sigo preguntando: ¿Acaso Israel no se enteró? Moisés primeramente afirma: «Yo os haré tener celos de un pueblo que ni siquiera lo es, con un pueblo insensato os provocaré a enojo» (Dt 32,21).
20Luego Isaías se atreve a decir: «Fui hallado por los que no me buscaban, me hice visible en quienes no preguntaban por mí» (Is 65,1).
21En cambio, dice refiriéndose a Israel: «Todo el día estuve con las manos extendidas hacia un pueblo indócil y rebelde» (Is 65,2).