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Epístola de Bernabé 3

Sagrada Biblia Straubinger

1El ayuno acepto a Dios III ¹. Díceles, pues, otra vez acerca de estas cosas: ¿Para qué me ayunáis, de modo que hoy sólo se oyen los gritos de vuestra voz? No es éste el ayuno que yo me escogí—dice el Señor—no al hombre que humillo su alma.

2². Ni aun cuando dobléis como un aro vuestro cuello y vistáis de saco y os acostéis sobre ceniza, ni aun así lo llaméis ayuno aceptable.

3³. A nosotros, empero, nos dice: He aquí el ayuno que me elegí—dice el Señor—: No al hombre que humilla su alma, sino: Desata toda atadura de iniquidad, rompe las cuerdas de los contratos violentos, despacha a los oprimidos en libertad y rasga toda escritura inicua. Rompe tu pan con los hambrientos y, si vieres a un desnudo, vístelo; recoge en tu casa a los sin techo; si vieres a un humilde, no le desprecies, ni te apartes de los de tu propia sangre.

4⁴ . Entonces tu luz romperá matinal, y tus vestidos resplandecerán rápidamente, y la justicia caminará delante de ti, y la gloria de Dios te cubrirá.

5⁵ . Entonces gritarás y Dios te escuchará; cuando aun estés hablando, dirá: Heme aquí presente, a condición que quites de ti la atadura y la mano levantada y la palabra de murmuración y des de corazón tu pan al hambriento y hayas lástima del alma humillada.

6⁶. En conclusión, hermanos, mirando anticipadamente el Señor longánirne que el pueblo que preparó en su Amado había de creer con sencillez, anticipadamente nos lo manifestó todo, a fin de que no vayamos como prosélitos a estrellarnos en la ley de aquéllos.

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