Salmos 39
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009) ›1(38) Del maestro de coro. De Yedutún. Salmo. De David. [[2]] Me decía: «Cuidaré mi conducta, sin faltar con mi lengua; pondré un freno a mi boca, mientras tenga al malvado ante mí».
2[[3]] Yo me callé, tranquilo y en silencio, mas mi dolor aumentó al ver su dicha * .
3[[4]] Mi mente se fue acalorando, mis pensamientos ardían como fuego, y por fin solté la lengua:
4[[5]] «Hazme saber, Yahvé, mi fin, dónde llega la medida de mis días, para que sepa lo frágil que soy.
5[[6]] De unos palmos hiciste mis días, mi existencia nada es para ti, Pausa. sólo un soplo el hombre que se yergue,
6[[7]] mera sombra el humano que pasa, sólo un soplo las riquezas * que amontona, sin saber quién las recogerá».
7[[8]] Ahora, Señor, ¿qué puedo aguardar? Mi esperanza está puesta en ti.
8[[9]] De todas mis rebeldías líbrame, no me hagas la irrisión del insensato.
9[[10]] Pero me callo, ya no abro la boca, pues tú eres quien lo ha hecho.
10[[11]] Deja ya de darme golpes, tu mano hostil me destroza.
11[[12]] Castigando los yerros corriges al hombre, igual que polilla desgastas sus anhelos. Pausa. El ser humano no es más que un soplo.
12[[13]] Escucha mi súplica, Yahvé, presta atención a mis gritos, no te hagas sordo a mi llanto. Pues soy un forastero junto a ti, un huésped como todos mis padres.
13[[14]] ¡Retira tu mirada, dame respiro * antes de que me vaya y ya no exista!