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Salmos 36

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1(35) Del maestro de coro. Del siervo de Yahvé. De David. [[2]] El pecado es un oráculo para el impío que le habla en el fondo de su corazón * ; no tiene temor de Dios ni aun estando en su presencia.

2[[3]] Se halaga tanto a sí mismo que no descubre y detesta su culpa * ;

3[[4]] sólo dice maldades y engaños, renunció a ser sensato, a hacer el bien.

4[[5]] Maquina maldades en su lecho, se obstina en el camino equivocado, incapaz de rechazar el mal.

5[[6]] Tu amor, Yahvé, llega al cielo, tu fidelidad alcanza las nubes;

6[[7]] tu justicia, como las altas montañas * , tus sentencias, profundas como el océano. Tú proteges a hombres y animales * ,

7[[8]] ¡qué admirable es tu amor, oh Dios! Por eso los seres humanos se cobijan a la sombra de tus alas;

8[[9]] se sacian con las provisiones de tu casa * , en el torrente de tus delicias los abrevas;

9[[10]] pues en ti está la fuente de la vida * , y en tu luz vemos la luz * .

10[[11]] No dejes de amar a los que te conocen, de ser fiel con los hombres sinceros.

11[[12]] ¡Que el pie del orgulloso no me pise, ni me avente la mano del impío!

12[[13]] Ved cómo caen los malhechores, abatidos, no pueden levantarse.

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