Proverbios 5
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009) ›1Hijo mío, atiende a mi sabiduría, presta oído a mi prudencia,
2para que mantengas la discreción y tus labios guarden el saber.
3* Los labios de la extraña destilan miel y su paladar es más suave que el aceite;
4pero termina siendo amarga como el ajenjo, cortante como arma de doble filo.
5Sus pies se precipitan a la muerte, sus pasos van derechos al abismo.
6Por no cuidar la senda de la vida, sin saberlo extravía sus senderos.
7Por tanto, hijos, escuchadme y seguid mis advertencias:
8aleja de ella tu camino y no te acerques a la puerta de su casa;
9no vayas a entregar tu honor a otros y tus años a alguien sin escrúpulos;
10no se aprovechen de tu esfuerzo los extraños, ni acaben tus fatigas en casa ajena.
11A la postre lo lamentarás, cuando tu cuerpo y tu carne se consuman.
12Entonces dirás: «¿Por qué rechacé la corrección, y mi corazón despreció las advertencias?
13¿Por qué no hice caso a mis maestros ni presté oídos a mis educadores?
14Por poco llego a la ruina total en medio de la asamblea reunida.»
15Bebe el agua de tu aljibe, los raudales de tu pozo * .
16¿Vas a derramar tus arroyos por las calles y tus manantiales por las plazas?
17Que sean para ti solo, no los compartas con extraños.
18Sea tu fuente bendita, disfruta con la esposa de tu juventud,
19cierva querida, gacela encantadora; que sus pechos te embriaguen siempre y continuamente te apasiones con su amor.
20¿Por qué apasionarte, hijo mío, de una extraña y caer en brazos de una desconocida?
21Pues Yahvé observa los caminos del hombre, él vigila todos sus senderos.
22Sus propios delitos atrapan al malvado, preso en las redes de su pecado.
23Morirá por falta de corrección, por su gran insensatez se perderá * .