Lucas 22
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009) ›Guarda este contenido en tu perfil
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1Se acercaba la fiesta de los Ázimos, llamada Pascua.
2Los sumos sacerdotes y los escribas buscaban cómo hacerle desaparecer, pues temían a la gente * .
3Entonces Satanás entró en Judas, llamado Iscariote, que era del número de los Doce.
4Éste se fue a concertar con los sumos sacerdotes y los jefes de la guardia * el modo de entregárselo.
5Ellos se alegraron y quedaron con él en darle dinero.
6Él aceptó, y a partir de entonces anduvo buscando una oportunidad para entregarlo sin que la gente lo advirtiera.
7Llegó el día de los Ázimos, en el que se había de sacrificar el cordero de Pascua.
8Jesús envió a Pedro y a Juan con este encargo: «Id y preparadnos la Pascua para que la comamos.»
9Ellos le preguntaron: «¿Dónde quieres que la preparemos?»
10Les respondió: «Cuando entréis en la ciudad, os saldrá al paso un hombre con un cántaro de agua; seguidle y veréis que entra en una casa.
11Decid entonces al dueño: ‘El Maestro te pregunta: ¿Dónde está la sala donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?’
12Él os enseñará en el piso superior una sala grande, ya dispuesta; haced allí los preparativos.»
13Fueron y lo encontraron tal como les había dicho, y prepararon la Pascua.
14Cuando llegó la hora, se puso a la mesa con los apóstoles
15y les dijo * : «Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer;
16porque os digo que ya no volveré a comerla hasta que halle su cumplimiento * en el Reino de Dios.»
17Tomó luego una copa * , dio gracias y dijo: «Tomad esto y repartidlo entre vosotros;
18porque os digo que, a partir de este momento, no beberé del producto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios.»
19Tomó luego pan, dio gracias, lo partió y se lo dio, diciendo: «Éste es mi cuerpo que se entrega por vosotros; haced esto en recuerdo mío.»
20De igual modo, después de cenar, tomó la copa y dijo: «Esta copa es la nueva Alianza en mi sangre, que se derrama por vosotros * .
21«Sabed que la mano del que me entrega está aquí conmigo, sobre la mesa.
22Ciertamente el Hijo del hombre se marcha, según está determinado, pero ¡ay de aquel por quien es entregado!»
23Entonces se pusieron a discutir entre sí quién de ellos sería el que iba a hacer aquello.
24Entre ellos hubo también un altercado sobre quién de ellos parecía ser el mayor.
25Él les dijo: «Los reyes de las naciones las dominan como señores absolutos y los que las oprimen se hacen llamar bienhechores.
26Pero no actuéis así vosotros, pues el mayor entre vosotros ha de ser como el más joven, y el que gobierna, como el que sirve.
27Porque, ¿quién es mayor, el que está a la mesa o el que sirve? ¿No es el que está a la mesa? Pues yo estoy en medio de vosotros como el que sirve.
28«Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas;
29yo, por mi parte, dispongo un Reino para vosotros, como mi Padre lo dispuso para mí,
30para que comáis y bebáis a mi mesa en mi Reino y os sentéis sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.
31* «¡Simón, Simón! Sábete que Satanás ha solicitado el poder cribaros como trigo,
32pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos * .»
33Él replicó: «Señor, estoy dispuesto a ir contigo hasta la cárcel y la muerte.»
34Pero Jesús contestó: «Te digo, Pedro, que hoy mismo, antes de que cante el gallo, habrás negado tres veces que me conoces.»
35Les dijo también: «Cuando os envié sin bolsa, sin alforja y sin sandalias, ¿os faltó algo?» Ellos contestaron: «Nada.»
36Y añadió: «Pues ahora, el que tenga bolsa, que la tome, y también alforja; y el que no tenga, que venda su manto y se compre una espada * .
37Porque os digo que es necesario que se cumpla en mí eso que está escrito: Ha sido contado entre los malhechores. Porque lo que se refiere a mí toca a su fin.»
38Ellos dijeron: «Señor, aquí hay dos espadas.» Respondió él: «Basta.»
39Salió y, como de costumbre, fue al monte de los Olivos. Los discípulos le siguieron.
40Llegado al lugar, les dijo: «Pedid que no caigáis en tentación.»
41Se apartó de ellos como un tiro de piedra y, puesto de rodillas * , oraba
42así: «Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.»
43Entonces se le apareció un ángel venido del cielo que le confortaba.
44Y sumido en agonía, insistía más en su oración. Su sudor se hizo como gotas espesas de sangre que caían en tierra * .
45Levantándose de la oración, vino donde los discípulos y los encontró dormidos por la tristeza.
46Les dijo: «¿Cómo es que estáis dormidos? Levantaos y orad para que no caigáis en tentación.»
47Estaba todavía hablando, cuando se presentó un grupo, encabezado por el llamado Judas, uno de los Doce, que se acercó a Jesús para darle un beso.
48Jesús le dijo: «¡Judas, con un beso entregas al Hijo del hombre!»
49Advirtiendo los que estaban con él lo que iba a suceder, dijeron: «Señor, ¿golpeamos con la espada?»
50Entonces uno de ellos hirió al siervo del Sumo Sacerdote y le llevó la oreja derecha.
51Pero Jesús dijo: «¡Dejad! ¡Basta ya!», y tocando la oreja le curó.
52Dijo Jesús a los sumos sacerdotes, a los jefes de la guardia del Templo y a los ancianos que habían venido contra él: «¡Habéis salido con espadas y palos, como si fuese un bandido!
53Todos los días estaba yo en el Templo con vosotros y no me pusisteis las manos encima. Pero ésta es vuestra hora y el poder de las tinieblas.»
54Entonces le prendieron * , se lo llevaron y le hicieron entrar en la casa del Sumo Sacerdote; Pedro le iba siguiendo de lejos.
55Habían encendido una hoguera en medio del patio y estaban sentados alrededor; Pedro se sentó entre ellos.
56Una criada, al verlo sentado junto a la lumbre, se le quedó mirando y dijo: «Éste también estaba con él.»
57Pero él lo negó: «¡Mujer, no le conozco!»
58Poco después lo vio otro y dijo: «Tú también eres uno de ellos.» Pedro respondió: «¡No, hombre, no!»
59Pasada como una hora, otro aseguraba: «Cierto que éste también estaba con él, pues además es galileo.»
60Le dijo Pedro: «¡Oye, no sé de qué hablas!» Y en aquel mismo momento, cuando aún estaba hablando, cantó un gallo.
61El Señor se volvió y miró a Pedro. Pedro se acordó entonces de las palabras que le había dicho el Señor: «Antes que cante hoy el gallo, me habrás negado tres veces.»
62Y, saliendo fuera, rompió a llorar amargamente.
63Los hombres que le tenían preso se burlaban de él y le golpeaban.
64Le cubrían con un velo y le preguntaban: «¡Adivina! ¿Quién te ha pegado?»
65Y le insultaban diciéndole otras muchas cosas.
66En cuanto se hizo de día, se reunió el Consejo de Ancianos del pueblo * : sumos sacerdotes y escribas. Le hicieron venir a su Sanedrín *
67y le dijeron: «Si tú eres el Cristo, dínoslo.» Él respondió: «Si os lo digo, no me creeréis.
68Si os pregunto, no me responderéis.
69De ahora en adelante, el Hijo del hombre estará sentado a la diestra * del poder de Dios .»
70Dijeron todos: «Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios * ?» Él respondió: «Vosotros lo decís: Yo soy.»
71Añadieron ellos: «¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Nosotros mismos lo hemos oído de su propia boca * .»