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Lucas 23

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1Se levantaron todos ellos y lo llevaron ante Pilato.

2Comenzaron a acusarle, diciendo: «Hemos encontrado a éste alborotando a nuestro pueblo, prohibiendo pagar tributos al César y diciendo que él es Cristo rey.»

3Pilato le preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?» Él declaró: «Sí, tú lo dices.»

4Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente: «No encuentro en este hombre delito alguno.»

5Pero ellos insistían: «Solivianta al pueblo con sus enseñanzas por toda Judea, desde Galilea, donde comenzó, hasta aquí.»

6Al oír esto, Pilato preguntó si aquel hombre era galileo.

7Y, al saber que pertenecía a la jurisdicción de Herodes, lo remitió donde éste, que por aquellos días estaba también en Jerusalén.

8Cuando Herodes vio a Jesús, se alegró mucho, pues hacía largo tiempo que deseaba verle. Había oído muchas cosas de él, y esperaba que hiciera algún signo en su presencia.

9Le hizo numerosas preguntas, pero él no respondió nada.

10Estaban allí los sumos sacerdotes y los escribas acusándole con insistencia.

11Pero Herodes, con su guardia, después de despreciarle y burlarse de él, le puso un espléndido vestido * y lo remitió a Pilato.

12Aquel día Herodes y Pilato se hicieron amigos, pues antes estaban enemistados.

13Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a los magistrados y al pueblo,

14y les dijo: «Me habéis traído a este hombre como alborotador del pueblo, pero yo le he interrogado delante de vosotros y no he hallado en él ninguno de los delitos de que le acusáis.

15Ni tampoco Herodes, porque nos lo ha remitido. Nada ha hecho, pues, que merezca la muerte.

16Así que le daré un escarmiento y lo soltaré * .»

17[[]]

18Toda la muchedumbre se puso a gritar a una: «¡Fuera ése, suéltanos a Barrabás!»

19(Éste tal había sido encarcelado por un motín que hubo en la ciudad y por asesinato.)

20Pilato les habló de nuevo, con la intención de librar a Jesús,

21pero ellos seguían gritando: «¡Crucifícalo, crucifícalo!»

22Por tercera vez * les dijo: «Pero ¿qué mal ha hecho éste? No encuentro en él ningún delito que merezca la muerte; así que le daré un escarmiento y lo soltaré * .»

23Pero ellos insistían pidiendo a grandes voces que fuera crucificado, y arreciaban en sus gritos.

24Pilato sentenció que se cumpliera su demanda.

25Soltó, pues, al que habían pedido, al que estaba en la cárcel por motín y asesinato, y a Jesús se lo entregó a su deseo.

26Cuando lo llevaban, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevara detrás de Jesús.

27Le seguía una gran multitud del pueblo y mujeres * que se dolían y se lamentaban por él.

28Jesús se volvió a ellas y les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos.

29Porque llegarán días en que se dirá: ¡Dichosas las estériles, las entrañas que no engendraron y los pechos que no criaron!

30Entonces se pondrán a decir a los montes: ¡Caed sobre nosotros! Y a las colinas: ¡Sepultadnos!

31Porque si hacen esto con el leño verde, ¿qué no se hará con el seco * ?»

32Llevaban además a otros dos malhechores para ejecutarlos con él.

33Llegados al lugar llamado Calvario, lo crucificaron allí junto con los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.

34* Jesús decía: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen * .» Se repartieron sus vestidos, echándolos a suertes.

35La gente estaba mirando. Los magisrados, por su parte, hacían muecas y decían: «Ha salvado a otros; que se salve a sí mismo si es el Cristo de Dios, el Elegido.»

36También los soldados se burlaban de él; se acercaban, le ofrecían vinagre

37y le decían: «Si tú eres el rey de los judíos, ¡sálvate!»

38Había encima de él una inscripción: «Éste es el rey de los judíos.»

39Uno de los malhechores colgados le insultaba: «¿No eres tú el Cristo * ? ¡Pues sálvate a ti y a nosotros!»

40Pero el otro le increpó: «¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena?

41Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio éste nada malo ha hecho.»

42Y le pedía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino * .»

43Jesús le contestó: «Te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso.»

44Era ya cerca de la hora sexta, cuando se oscureció el sol y toda la tierra quedó en tinieblas hasta la hora nona * .

45El velo del Santuario se rasgó por medio

46y Jesús, dando un fuerte grito, dijo: «Padre, en tus manos pongo mi espíritu .» Y, dicho esto, expiró.

47Al ver el centurión lo sucedido, alababa a Dios diciendo: «Ciertamente este hombre era justo.»

48Y toda la muchedumbre que había acudido a aquel espectáculo, al ver lo que pasaba, se volvió dándose golpes de pecho.

49Todos sus conocidos y las mujeres que le habían seguido desde Galilea se mantenían a distancia, mientras contemplaban todo aquello.

50Había un hombre llamado José, miembro del Consejo, hombre bueno y justo,

51que no había asentido al consejo y proceder de los demás. Era de Arimatea, población de Judea, y esperaba el Reino de Dios.

52Se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús.

53Después de descolgarlo, lo envolvió en una sábana y lo puso en un sepulcro excavado en la roca, en el que nadie había sido enterrado todavía.

54Era el día de la Preparación y apuntaba * el sábado.

55Las mujeres que habían venido con él desde Galilea fueron detrás, para ver dónde estaba el sepulcro y cómo colocaban su cuerpo.

56Luego regresaron y prepararon aromas y mirra. Y el sábado descansaron según el precepto.

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