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1 Macabeos 2

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1Por aquel tiempo, Matatías, hijo de Juan, hijo de Simeón, sacerdote del linaje de Joarib * , dejó Jerusalén y fue a establecerse en Modín.

2Tenía cinco hijos: Juan, por sobrenombre Gadí;

3Simón, llamado Tasí;

4Judas, apodado Macabeo;

5Eleazar, conocido como Avarán; y Jonatán, llamado Afús * .

6Al ver las impiedades que en Judá y en Jerusalén se cometían,

7exclamó: «¡Ay de mí! ¿He nacido para ver la ruina de mi pueblo y la ruina de la ciudad santa, y para estarme allí cuando es entregada en manos de enemigos y su santuario en poder de extraños?

8Ha quedado su templo como hombre sin honor * ,

9los objetos que eran su gloria, llevados como botín; muertos en las plazas sus niños, y sus jóvenes, víctimas de la espada enemiga.

10¿Qué pueblo no ha venido a heredar su reino y a entrar en posesión de sus despojos?

11Todos sus adornos le han sido arrancados, y de libre que era, ha pasado a ser esclava.

12Mirad nuestro santuario, nuestra hermosura y nuestra gloria, convertido en desierto; miradlo profanado por los paganos.

13¿Para qué vivir más?»

14Matatías y sus hijos rasgaron sus vestidos, se vistieron de sayal y se entregaron a un profundo duelo.

15Los enviados del rey, encargados de imponer la apostasía, llegaron a la ciudad de Modín para los sacrificios.

16Muchos israelitas acudieron donde ellos. También Matatías y sus hijos fueron convocados.

17Tomando entonces la palabra los enviados del rey, se dirigieron a Matatías y le dijeron: «Tú eres jefe ilustre y poderoso en esta ciudad, y estás bien apoyado de hijos y hermanos.

18Acércate, pues, el primero y cumple la orden del rey, como la han cumplido todas las naciones, los notables de Judá y los que han quedado en Jerusalén. Entonces tú y tus hijos seréis contados entre los amigos del rey * , y os veréis honrados, tú y tus hijos, con plata, oro y numerosas dádivas.»

19Matatías contestó con fuerte voz: «Aunque todas las naciones que forman el imperio del rey le obedezcan hasta abandonar cada uno el culto de sus antepasados y acaten sus órdenes,

20yo, mis hijos y mis hermanos nos mantendremos en la alianza de nuestros antepasados.

21El Cielo nos guarde de abandonar la Ley y los preceptos.

22No obedeceremos las órdenes del rey ni nos desviaremos un ápice de nuestro culto.»

23Apenas había concluido de pronunciar estas palabras, cuando un judío se adelantó, a la vista de todos, para sacrificar en el altar de Modín, conforme al decreto real.

24Al verlo Matatías, se inflamó en celo y se estremecieron sus entrañas. Encendido en justa cólera * , corrió y lo degolló sobre el altar.

25Al punto mató también al enviado del rey que obligaba a sacrificar y destruyó el altar.

26Emuló en su celo por la Ley la gesta de Pinjás contra Zimrí, el hijo de Salú.

27Luego, con fuerte voz, gritó Matatías por la ciudad: «Todo aquel que sienta celo por la Ley y mantenga la alianza, que me siga.»

28Y dejando en la ciudad cuanto poseían, huyeron él y sus hijos a las montañas.

29Por entonces muchos, preocupados por la justicia y la equidad, bajaron al desierto para establecerse allí

30con sus mujeres, sus hijos y sus ganados, porque los males los oprimían duramente.

31La gente del rey y la tropa que estaba en Jerusalén, en la Ciudad de David, recibieron la denuncia de que unos hombres que habían rechazado el mandato del rey habían bajado a los lugares ocultos del desierto.

32Muchos los persiguieron y los alcanzaron. Los cercaron y se prepararon para atacarles el día del sábado.

33Les dijeron: «Basta ya, salid, obedeced la orden del rey y salvaréis vuestras vidas.»

34Ellos les contestaron: «No saldremos ni obedeceremos la orden del rey de profanar el día de sábado * .»

35Asaltados al instante,

36no replicaron ni arrojando piedras ni atrincherando sus cuevas. Dijeron:

37«Muramos todos en nuestra rectitud. El cielo y la tierra son testigos de que nos matáis injustamente.»

38Los atacaron, pues, en sábado y murieron, junto con sus mujeres, hijos y ganados, unas mil personas.

39Cuando Matatías y sus amigos se enteraron, sintieron por ellos gran pesar.

40Pero se dijeron: «Si todos nos comportamos como nuestros hermanos y no peleamos contra los paganos por nuestras vidas y nuestras costumbres, muy pronto nos exterminarán de la tierra.»

41Aquel mismo día tomaron el siguiente acuerdo: «Haremos frente a todo aquel que venga a atacarnos en día de sábado; así no moriremos todos, como murieron nuestros hermanos en las cuevas.»

42Se les unió por entonces el grupo de los asideos * , israelitas valientes y entregados de corazón a la Ley.

43Además, todos aquellos que querían escapar de los males se les juntaron y les ofrecieron su apoyo.

44Formaron así un ejército, con el que hirieron airados y enfurecidos a los pecadores y a los impíos. Los restantes tuvieron que huir a tierra de paganos buscando su salvación.

45Matatías y sus amigos hicieron correrías destruyendo altares,

46obligando a circuncidar cuantos niños incircuncisos hallaron en el territorio de Israel

47y persiguiendo a los insolentes. La empresa prosperó en sus manos:

48arrancaron la Ley de mano de paganos y reyes, y no consintieron que el pecador se impusiera * .

49Cuando la vida de Matatías se acercaban a su fin, dijo a sus hijos: «Ahora reina la insolencia y la reprobación, es tiempo de ruina y de violenta Cólera.

50Ahora, hijos, mostrad vuestro celo por la Ley; dad vuestra vida por la alianza de nuestros antepasados.

51Recordad las gestas que en su tiempo realizaron nuestros antepasados; alcanzaréis inmensa gloria, inmortal nombre.

52Sabed que Abrahán fue fiel en la prueba y se le reputó por justicia.

53José, en el tiempo de su angustia, observó la Ley y vino a ser señor de Egipto.

54Pinjás, nuestro antepasado * , por su ardiente celo, alcanzó la alianza de un sacerdocio eterno.

55Josué, por cumplir su mandato, llegó a ser juez en Israel.

56Caleb, por su testimonio en la asamblea, obtuvo una herencia en esta tierra.

57David, por su piedad, heredó un trono real para siempre.

58Elías, por su ardiente celo por la Ley, fue arrebatado al cielo.

59Ananías, Azarías, Misael, por haber tenido confianza, se salvaron de las llamas.

60Daniel, por su rectitud, escapó de las fauces de los leones.

61Advertid, pues, que de generación en generación todos los que esperan en Él jamás sucumben.

62No temáis amenazas de hombre pecador * : su gloria parará en estiércol y gusanos;

63estará hoy encumbrado y mañana no se le encontrará: habrá vuelto a su polvo y sus maquinaciones se desvanecerán.

64Hijos, sed fuertes y manteneos firmes en la Ley, que en ella hallaréis gloria.

65Ahí tenéis a Simeón * , vuestro hermano. Sé que es hombre sensato; escuchadle siempre: él será vuestro padre.

66Tenéis a Judas Macabeo, valiente desde su mocedad: él será jefe de vuestro ejército y dirigirá la guerra contra los paganos.

67Vosotros atraeos a cuantos observan la Ley, vengad a vuestro pueblo,

68devolved a los paganos el mal que os han hecho y observad los preceptos de la Ley.»

69A continuación, los bendijo y fue a reunirse con sus antepasados.

70Murió el año ciento cuarenta y seis y fue sepultado en Modín, en el sepulcro de sus padres. Todo Israel hizo gran duelo por él.

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