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1 Macabeos 1

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1Alejandro de Macedonia, hijo de Filipo, partió del país de los Queteos * , derrotó a Darío, rey de los persas y los medos, y reinó en su lugar, empezando por la Hélada * .

2Suscitó muchas guerras, se apoderó de plazas fuertes y dio muerte a otros reyes de la tierra.

3Avanzó hasta los confines del mundo y se hizo con el botín de multitud de pueblos. La tierra enmudeció ante él, y su corazón se ensoberbeció y se llenó de orgullo.

4Reunió un ejército potentísimo y ejerció el mando sobre tierras, pueblos y príncipes, que le pagaban tributo.

5Cuando cayó enfermo y se dio cuenta de que se moría,

6hizo llamar a sus servidores, a los nobles que con él se habían criado desde su juventud y, antes de morir, repartió entre ellos su reino.

7Alejandro murió tras doce años de reinado * .

8Sus generales tomaron posesión del mando, cada uno en su región.

9A su muerte, todos ellos se ciñeron la diadema, y también sus descendientes durante largos años. Y multiplicaron los males sobre la tierra.

10De ellos surgió un renuevo pecador, Antíoco Epífanes, hijo del rey Antíoco, que había estado como rehén * en Roma. Subió al trono el año ciento treinta y siete del imperio de los griegos * .

11En aquellos días aparecieron en Israel algunos rebeldes * que sedujeron a muchos diciendo: «Vamos, concertemos alianza con los pueblos que nos rodean, porque desde que nos hemos separado de ellos nos han sobrevenido muchos males.»

12Esta observación les pareció bien,

13así que algunos se apresuraron a acudir donde el rey y obtuvieron de él autorización para seguir las costumbres de los paganos * .

14En consecuencia, levantaron en Jerusalén un gimnasio al uso de los paganos,

15rehicieron sus prepucios, renegaron de la alianza santa para atarse al yugo de los paganos, y se vendieron para obrar el mal * .

16Antíoco, una vez asentado en el reino, concibió el proyecto de reinar sobre el país de Egipto para ser rey de ambos países.

17Con un fuerte ejército, con carros, elefantes * , (jinetes) y numerosa flota, entró en Egipto

18y trabó batalla con su rey Tolomeo. Éste evitó su presencia y huyó. Hubo numerosos heridos.

19Antíoco ocupó las ciudades fuertes de Egipto y se hizo con los despojos del país.

20El año ciento cuarenta y tres, después de vencer a Egipto, emprendió el camino de regreso. Subió contra Israel y llegó a Jerusalén con un poderoso ejército.

21Entró con insolencia en el santuario y se llevó el altar de oro, el candelabro con todos sus accesorios,

22la mesa de la proposición, los vasos de las libaciones, las copas, los incensarios de oro, la cortina y las coronas, y arrancó todo el decorado de oro que recubría la fachada del templo.

23Se apropió también de la plata, oro, objetos de valor y de cuantos tesoros ocultos pudo encontrar.

24Tomándolo todo, partió para su tierra, después de derramar mucha sangre y de hablar con gran insolencia * .

25En todo el país hubo gran duelo por Israel.

26Jefes y ancianos gimieron, languidecieron doncellas y jóvenes, la belleza de las mujeres se marchitó.

27El recién casado entonó un canto de dolor; sentada en el lecho nupcial, la esposa lloraba.

28Se estremeció la tierra por sus habitantes, y toda la casa de Jacob se cubrió de vergüenza * .

29Dos años después, envió el rey a las ciudades de Judá al Misarca * , que se presentó en Jerusalén con un nutrido ejército.

30Habló dolosamente palabras de paz y, cuando se hubo ganado la confianza, cayó de repente sobre la ciudad y le asestó un duro golpe, matando a numerosos israelitas.

31Saqueó la ciudad, la incendió y arrasó sus casas y la muralla que la rodeaba.

32Sus hombres hicieron cautivos a mujeres y niños, y se adueñaron del ganado.

33Después reconstruyeron la Ciudad de David con una muralla grande y sólida, con torres poderosas, y la hicieron su Ciudadela * .

34Establecieron allí una raza pecadora de rebeldes, que se hicieron fuertes en ella.

35La proveyeron de armas y vituallas, y depositaron en ella el botín que habían reunido del saqueo de Jerusalén. Fue un peligroso lazo.

36Se convirtió en asechanza contra el santuario, en adversario maléfico para Israel en todo tiempo.

37Derramaron sangre inocente en torno al santuario y lo profanaron.

38Por su culpa huyeron los habitantes de Jerusalén, que vino a convertirse en habitación de extraños, extraña para los que en ella nacieron, pues sus hijos la abandonaron.

39Quedó su santuario desolado como un desierto, sus fiestas convertidas en duelo, sus sábados en irrisión, su honor en desprecio.

40A medida de su gloria creció su deshonor, su grandeza se volvió aflicción.

41El rey publicó un edicto en todo su reino ordenando que todos formaran un único pueblo

42y abandonara cada uno sus peculiares costumbres. Todos los paganos acataron el edicto real

43y muchos israelitas aceptaron su culto, sacrificaron a los ídolos y profanaron el sábado.

44También a Jerusalén y a las ciudades de Judá hizo el rey llegar, por medio de mensajeros, el edicto * que ordenaba seguir costumbres extrañas al país.

45Debían suprimir en el santuario holocaustos, sacrificios y libaciones; profanar sábados y fiestas;

46mancillar el santuario y lo santo;

47levantar altares, recintos sagrados y templos idolátricos; sacrificar puercos y animales impuros;

48dejar a sus hijos incircuncisos; volverse abominables con toda clase de impurezas y profanaciones,

49de modo que olvidasen la Ley y cambiasen todas sus costumbres.

50El que no obrara conforme a la orden del rey, moriría.

51En el mismo tono escribió a todo su reino. Nombró inspectores para todo el pueblo y ordenó a las ciudades de Judá que en cada una de ellas se ofrecieran sacrificios.

52Muchos del pueblo, todos los que abandonaban la Ley, se unieron a ellos. Causaron males al país

53y obligaron a Israel a ocultarse en toda suerte de refugios.

54El día quince del mes de Quisleu del año ciento cuarenta y cinco * levantó el rey sobre el altar de los holocaustos la Abominación de la Desolación * . También construyeron altares en las ciudades de alrededor de Judá.

55Quemaban incienso a las puertas de las casas y en las plazas.

56Rompían y echaban al fuego los libros de la Ley * que podían hallar.

57Al que encontraban con un ejemplar de la Alianza en su poder, o bien descubrían que observaba los preceptos de la Ley, era condenado a muerte por decisión real;

58actuaban violentamente contra los israelitas que sorprendían un mes y otro en las ciudades.

59El día veinticinco de cada mes * ofrecían sacrificios en el ara que se alzaba sobre el altar de los holocaustos.

60Las mujeres que hacían circuncidar a sus hijos eran conducidas a la muerte, conforme al edicto,

61con sus criaturas colgadas al cuello. La misma suerte corrían sus familiares y los que habían efectuado la circuncisión.

62Muchos en Israel se mantuvieron firmes y se resistieron a comer cosa impura.

63Prefirieron morir antes que contaminarse con aquella comida y profanar la alianza santa; y murieron.

64Inmensa fue la Cólera que descargó sobre Israel.

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