Sal 22, 1-4
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)1(21) Del maestro de coro. Sobre «la cierva de la aurora» * . Salmo. De David. [[2]] ¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado? Estás lejos de mi queja, de mis gritos y gemidos. 2[[3]] Clamo de día, Dios mío, y no respondes, también de noche, sin ahorrar palabras. 3[[4]] ¡Pero tú eres el Santo, entronizado en medio de la alabanza de Israel * ! 4[[5]] En ti confiaron nuestros padres, confiaron y tú los liberaste;