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Mc 10, 11-40

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

11Él les dijo: «Quien repudie a su mujer y se case con otra comete adulterio contra aquélla; 12y si ella repudia a su marido * y se casa con otro, comete adulterio.» 13Le presentaban unos niños para que los tocara; pero los discípulos les reñían. 14Mas Jesús, al ver la escena, se enfadó y les dijo: «Dejad que los niños vengan a mí; no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios. 15Yo os aseguro: el que no acoja el Reino de Dios como un niño no entrará en él.» 16Y abrazaba a los niños y los bendecía poniendo las manos sobre ellos. 17Se ponía ya en camino, cuando uno corrió a su encuentro y, arrodillándose ante él, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué debo hacer para tener en herencia vida eterna?» 18Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino sólo Dios. 19Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio , no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre.» 20Él, entonces, le dijo: «Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud.» 21Jesús, fijando en él su mirada con cariño, le dijo: «Una cosa te falta: anda, vende cuanto tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo. Luego, ven y sígueme.» 22Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes. 23Jesús, mirando a su alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!» 24Los discípulos quedaron sorprendidos al oírle estas palabras * . Mas Jesús, tomando de nuevo la palabra, les dijo: «¡Hijos, qué difícil es entrar en el Reino de Dios! 25Es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja que el que un rico entre en el Reino de Dios.» 26Pero ellos se asombraron aún más y se decían unos a otros: «¿Quién se podrá salvar entonces?» 27Jesús, mirándolos fijamente, dijo: «Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios.» 28Pedro se puso a decirle: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.» 29Jesús dijo: «Yo os aseguro que nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, 30quedará sin recibir el ciento por uno: ahora, al presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna. 31Pero muchos primeros serán últimos, y los últimos, primeros.» 32Iban de camino, subiendo a Jerusalén, y Jesús marchaba delante. Ellos estaban sorprendidos, y los que le seguían tenían miedo. Tomó otra vez a los Doce y comenzó a decirles lo que le iba a suceder: 33«Ya veis que subimos a Jerusalén, donde el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas. Lo condenarán a muerte y lo entregarán a los paganos; 34se burlarán de él, le escupirán, le azotarán y lo matarán. Pero a los tres días resucitará.» 35Se acercaron a él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dijeron: «Maestro, queremos que nos concedas lo que vamos a pedirte.» 36Él respondió: «¿Qué queréis que os conceda?» 37Ellos le dijeron: «Concédenos que nos sentemos en tu gloria * , uno a tu derecha y otro a tu izquierda.» 38Jesús les dijo: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado * ?» 39Ellos respondieron: «Sí, podemos.» Jesús añadió: «Desde luego que beberéis la copa que yo voy a beber, y también seréis bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado. 40Pero eso de sentarse a mi derecha o a mi izquierda no está en mis manos concederlo. Será para quienes así esté dispuesto.»