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Lc 2, 34-45

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

34Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «Éste está destinado para caída y elevación de muchos en Israel, y como signo de contradicción * — 35¡a ti misma una espada te atravesará el alma!—, a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones * .» 36Había también una profetisa * , Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada. Casada en su juventud, había vivido siete años con su marido, 37y luego quedó viuda hasta los ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. 38Presentándose en aquel mismo momento, comenzó a alabar a Dios y a hablar del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén * . 39Así que cumplieron todo lo ordenado por la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su pueblo de Nazaret. 40El niño crecía, se fortalecía y se iba llenando de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él. 41Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. 42Cuando cumplió los doce años, subieron como de costumbre a la fiesta. 43Pasados aquellos días, ellos regresaron, pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que sus padres lo advirtieran. 44Creyendo que estaría en la caravana, y tras hacer un día de camino, lo buscaron entre los parientes y conocidos. 45Pero, al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca.