Lc 2, 25-32
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)25Vivía por entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón. Era una persona justa y piadosa, que esperaba que Dios consolase a Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. 26El Espíritu Santo le había revelado que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor * . 27Movido por el Espíritu, vino al Templo. Cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él, 28lo tomó en brazos y alabó a Dios diciendo: 29«Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz, 30porque han visto mis ojos tu salvación, 31la que has preparado a la vista de todos los pueblos, 32luz para iluminar a las gentes y gloria de tu pueblo Israel.»