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Dn 4, 1-18

Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)

1[[3:31]] El rey Nabucodonosor a todos los pueblos, naciones y lenguas que habitan en toda la tierra: ¡Que vuestra paz se acreciente! 2[[3:32]] Me complace daros a conocer los signos y prodigios que el Dios Altísimo ha hecho conmigo. 3[[3:33]] ¡Qué grandes son sus signos, qué poderosos sus prodigios! ¡Su reino es un reino eterno, su poder dura por siempre! 4[[4:1]] Yo, Nabucodonosor * , estaba tranquilo y satisfecho en mi palacio, 5[[4:2]] cuando tuve un sueño que me asustó. Las pesadillas que tuve en mi lecho y las fantasías de mi mente me aterraron. 6[[4:3]] Entonces ordené que se presentaran ante mí todos los sabios de Babilonia, para que me dieran a conocer la interpretación del sueño. 7[[4:4]] Vinieron los magos, adivinos, astrólogos y hechiceros y yo les conté el sueño, pero no supieron darme su interpretación. 8[[4:5]] Por último se presentó ante mí Daniel, apodado Baltasar en honor de mi dios * , que era hombre dotado de inspiración divina * , y le conté el sueño: 9[[4:6]] «Baltasar, jefe de los magos, como sé que estás dotado de inspiración divina y que ningún misterio se te resiste, escucha * el sueño que he tenido y dame su interpretación. 10[[4:7]] «Mientras estaba acostado, asaltaron mi mente estas visiones: «Había un árbol * de gran altura en el centro de la tierra. 11[[4:8]] El árbol creció y se hizo corpulento; su altura llegaba al cielo y era visible desde los confines de la tierra. 12[[4:9]] Su ramaje era hermoso, y su fruto, abundante, y tenía comida para todos; a su sombra se cobijaban las bestias del campo, en sus ramas anidaban las aves del cielo y alimentaba a todos los vivientes. 13[[4:10]] Mientras contemplaba en el lecho las visiones de mi cabeza, un vigilante * santo bajó del cielo 14[[4:11]] y gritó con voz potente: ‘Abatid el árbol, cortad sus ramas, arrancad sus hojas, tirad sus frutos; que huyan las bestias de su sombra, y los pájaros de sus ramas. 15[[4:12]] Dejad solo en tierra el tocón con sus raíces, con cadenas de hierro y bronce, entre los matojos del campo. Que lo empape el rocío del cielo y comparta con las bestias la hierba de la tierra. 16[[4:13]] Que se le quite su alma humana * y se le dé un alma animal y viva así siete años * . 17[[4:14]] Ésta es la sentencia dictada por los Vigilantes, la orden decretada por los Santos * , para que reconozcan todos los vivientes que el Altísimo es el dueño de los reinos humanos: se los da a quien quiere y entroniza al más humilde de los hombres.’ 18[[4:15]] «Éste es el sueño que yo, el rey Nabucodonosor, he tenido. Tú, Baltasar, aclárame su interpretación, pues ninguno de los sabios de mi reino ha podido darme a conocer su interpretación; tú puedes hacerlo, ya que estás dotado de inspiración divina.»