1 Re 1, 1-27
Biblia de Jerusalén 4 Edición (2009)1El rey David era ya anciano, entrado en años; y, aunque lo cubrían con mantas, no entraba en calor. 2Sus asistentes le dijeron: «Hay que buscar para el rey mi señor una joven virgen que sirva al rey y sea su doncella; que duerma sobre tu pecho y el rey mi señor pueda entrar en calor.» 3Tras buscar una muchacha hermosa por todos los términos de Israel, encontraron a Abisag la sunamita, que presentaron al rey. 4La joven, extraordinariamente hermosa, era su doncella y le servía, pero el rey no intimó con ella. 5Adonías, hijo de Jaguit, se jactaba diciendo que él sería el nuevo rey. Se procuró carros y caballos y una escolta de cincuenta hombres que desfilaban ante él. 6Su padre nunca le había disgustado preguntándole: «¿Por qué obras de esta o de aquella manera?» Adonías tenía también buena prestancia y era más joven que Absalón. 7Entabló negociaciones con Joab, hijo de Sarvia, y con el sacerdote Abiatar * , quienes apoyaban a Adonías. 8En cambio, el sacerdote Sadoc, Benaías, hijo de Joadá, el profeta Natán, Semeí, el amigo del rey * y los valientes de David no tomaron parte a favor de Adonías. 9Éste hizo un sacrificio de ovejas, bueyes y vacas cebadas en la Piedra de Sojélet, junto a la fuente de Roguel. Invitó a todos sus hermanos, los hijos del rey, y a todos los hombres de Judá que estaban al servicio del rey, 10pero no invitó al profeta Natán, a Benaías y a los valientes, ni tampoco a su hermano Salomón. 11Natán dijo entonces a Betsabé, madre de Salomón: «¿No has oído que Adonías, hijo de Jaguit, se ha erigido en rey sin que David nuestro señor lo sepa? 12Ve ahora mismo donde el rey. Te daré un consejo para que pongas a salvo tu vida y la de tu hijo Salomón. 13Ve y, cuando estés ante el rey David, le dices: ‘Rey mi señor, ¿no juraste * a tu sierva que mi hijo Salomón sería quien reinaría después de ti y se sentaría en tu trono? ¿Entonces, por qué Adonías se ha erigido en rey?’ 14Mientras estés hablando allí con el rey, entraré detrás de ti y corroboraré tus palabras.» 15Betsabé entró donde el rey, en la alcoba —el rey era muy anciano, y Abisag la sunamita cuidaba de él—. 16Betsabé hizo una inclinación y se postró ante el rey. Éste le preguntó: «¿Qué te trae?» 17Ella le respondió: «Mi señor, tú has jurado a tu sierva por Yahvé tu Dios que mi hijo Salomón sería quien reinaría después de ti y se sentaría en tu trono. 18Pero resulta que Adonías se ha erigido en rey, sin saberlo tú, majestad, mi señor. 19Ha sacrificado bueyes, vacas cebadas y ovejas en abundancia, y ha invitado a todos los hijos del rey, al sacerdote Abiatar y a Joab, jefe del ejército. Pero no ha invitado a tu siervo Salomón. 20Majestad, mi señor, todo Israel tiene sus ojos puestos en ti, esperando que les anuncies quién ocupará el trono del rey mi señor tras él * . 21De lo contrario, cuando el rey mi señor repose con sus antepasados, yo y mi hijo Salomón seremos tratados como culpables.» 22Estaba todavía hablando con el rey cuando llegó el profeta Natán, 23y advirtieron al rey de su presencia. Cuando entró donde el rey, se postró ante él, rostro en tierra, y 24dijo: «Majestad, seguramente has dispuesto que Adonías reine después de ti y se siente en tu trono, 25porque Adonías ha bajado hoy a sacrificar bueyes, vacas cebadas y ovejas en abundancia, y ha invitado a todos los hijos del rey, a los jefes del ejército y al sacerdote Abiatar. En este momento están banqueteando en su presencia y profieren gritos de ‘Viva el rey Adonías.’ 26Pero ni a mí, tu siervo, ni al sacerdote Sadoc, ni a Benaías, hijo de Joadá, nos ha invitado, ni tampoco a tu siervo Salomón. 27¿Viene esta orden del rey mi señor, sin que hayas comunicado a tus siervos quién se sentará en el trono del rey mi señor tras él?»