Entonces vendrá la resurrección de los muertos 168 y el juicio final de todos los hombres. «Dios dará vida a nuestros cuerpos mortales»170
El más allá
104. Entonces vendrá la resurrección de los muertos 168 y el juicio final de todos los hombres. «Dios dará vida a nuestros cuerpos mortales»170
104,1. La resurrección de los muertos es dogma de fe. Está definido en el Concilio IV de Letrán.
También se define en el símbolo de San Atanasio (Quicumque)172 que alcanzó tanta autoridad en la Iglesia que entró en el uso litúrgico lo mismo que el símbolo de los Apóstoles. Entonces todos seremos presentados «ante el tribunal de Cristo para recibir el premio o el castigo de lo que hayamos hecho en esta vida». «Habrá resurrección de justos e injustos». «Los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; y los que hayan hecho el mal, a una resurrección de condenación». «Los de la izquierda irán al tormento eterno, mas los justos a la vida eterna».
«Todos los hombres comparecerán con sus cuerpos en el día del juicio ante el tribunal de Cristo para dar cuenta de sus propias acciones».
Cristo es la Cabeza del Cuerpo Místico. La resurrección de la Cabeza, que es Cristo, es prenda de la resurrección de todo el Cuerpo, que somos nosotros. Cuando llegue el fin del mundo, todos los muertos resucitarán con el mismo cuerpo que tienen ahora, para no volver a morir.
Los justos tendrán su cuerpo glorioso, perfecto, y sin los defectos que ahora tenemos. Esto es un milagro. Aunque es difícil de comprender, sabemos que sucederá así, porque es dogma de fe.
La realidad de la resurrección puede presentar dificultades a nuestro corto entendimiento.
Como si se nos dijera que separáramos el serrín de las limaduras de hierro mezclados en un montón.
De momento nos parece imposible, pero si nos dan un imán, se acabó el problema.
«Sería temerario decir que es imposible que Dios conceda al cuerpo resucitado propiedades que ya se encuentran en los elementos que constituyen la materia en nuestros laboratorios.
»Nadie tiene derecho a negar a Dios esa posibilidad.
»Dios lo único que no puede hacer es lo absurdo o contradictorio. Esto no es absurdo ni contradictorio; esto tiene base en la ciencia de hoy».
Según opinión de gran número de teólogos y de Santos Padres, resucitaremos en la plenitud de la vida, con los caracteres de la naturaleza humana en su más pujante, lozano y perfecto desarrollo.
Y sin los defectos que hayamos tenido en esta vida.
Pero esto, aunque es opinión teológica muy razonable, no es dogma de fe.
Dice el Profeta Isaías (35:5s): «Entonces el cojo saltará como un ciervo, y la lengua de los mudos cantará gozosa».
«Resucitaremos con este cuerpo, aunque transformado».
Dice San Pablo que «nuestro cuerpo miserable se transformará en cuerpo glorioso».
«Sabemos que nuestro cuerpo resucitado tendrá una identidad básica con el que ahora tenemos».
«La fe de la Iglesia exige, para la resurrección, la identidad corporal numérica: el mismo y propio cuerpo de la existencia terrena es el de la existencia resucitada. (...) Es una identidad numérica formal, no material. (...) La identidad corporal es independiente de su composición atómica, celular o molecular. Reside exclusivamente en identidad del principio formal».
«Resucitar con el mismo cuerpo» significa recobrar la propia vida en todas sus dimensiones auténticamente humanas: no perder nada de todo aquello que ahora constituye e individualiza a cada hombre».
«No habrá cambio de personalidad. No seré otro. Continuaré siendo yo. (...) Seré el mismo, pero no lo mismo. (...) Resucitará lo mejor de mí».
Resucitaremos con nuestro propio cuerpo, aunque no necesariamente con la misma materia, que ha cambiado repetidas veces a lo largo de toda la vida con el metabolismo. Soy el mismo, pero no lo mismo.
Identidad de la persona, no identidad de las moléculas. Soy la misma persona, pero no tengo la misma materia.
Resucitaré yo mismo; los átomos que compongan mi cuerpo es lo de menos.
«La identidad que habrá entre nuestro cuerpo resucitado y el cuerpo que ahora tenemos es la misma que la identidad que existe entre el cuerpo que ahora tenemos y el de hace unos años».
«Aunque tengo ahora el mismo cuerpo que hace veinte años, ni una sola célula de él es la misma: cada célula de mi cuerpo ha sido remplazada por otra nueva».
«Quizás a muchos la idea de nuestra resurrección se les haga más increíble porque tienen una idea equivocada de ella.
»Creen que Dios tendría que andar recogiendo los átomos que un día formaron parte de un determinado organismo y están dispersos por todo el mundo para volverlos a juntar y formar de nuevo aquel cuerpo.
»Pero lo que hace que sea el mismo hombre no es que tenga numéricamente el mismo cuerpo, sino que sea la misma persona.
»De hecho, a lo largo de la vida, hemos ido renovando todos los átomos de nuestro cuerpo y seguimos siendo la misma persona.
»La resurrección no es problema de rigurosa identidad corporal, sino de rigurosa identidad personal».
«Dado el metabolismo constante del cuerpo humano, mi cuerpo actual ha renovado totalmente su materia con respecto a como se encontraba hace siete años.
»Sin embargo, lo considero, con toda razón, y es realmente, mi mismo cuerpo. Mi cuerpo puede ser el mismo aunque se componga de una materia distinta. (...) Dios puede reconstruir mi cuerpo con otra materia distinta, que se haría mía al ser informada por el principio que da continuidad consciente a mi ser personal, es decir, por mi alma; de modo análogo a como la materia que el metabolismo incorpora empieza a ser mía por la información de mi propia alma».
«El momento de la resurrección no es jamás (...) el momento de la muerte, sino el final de la historia: «el que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día».
La doctrina de que la resurrección será en el momento de la muerte es de origen protestante, y ha sido rechazada por la Santa Sede.
«La fe en la resurrección ha sido siempre un escándalo.
Jesús tuvo que defenderla frente a los saduceos.
Su proclamación valió a Pablo la burla de los atenienses.
Y hasta la acusación de locura.
En las polémicas contra el cristianismo naciente fue uno de los blancos favoritos de las críticas; hasta el punto de que San Agustín pudo decir que en ningún otro punto encontraba la fe cristiana tanta oposición como en la resurrección de la carne.
En nuestros días, la fe en la resurrección aparecerá como un absurdo a los ojos de los racionalistas, que sólo admiten lo demostrable o lo susceptible de verificación empírica».
Hoy la Iglesia permite la incineración de los cadáveres, por las dificultades de espacio que hay en los cementerios de las grandes ciudades.
No hay para Dios ningún problema cuando llegue el momento de la resurrección.
El destino de estas cenizas puede ser variado.
Mientras la Iglesia o la ley civil no digan otra cosa se puede depositar el cofre con las cenizas en un nicho familiar, o lanzarlas al mar, rajando previamente la bolsa de plástico que las contiene para que se dispersen.
Pero siempre tratándolas con todo respeto, según el deseo de la Iglesia.
104,2. Los Testigos de Jehová confunden la resurrección del juicio final con una resurrección a corto plazo. En un libro que publicaron el 1974 titulado «¿Es esta vida todo lo que hay?» dicen en la página 165 que «muchas personas que viven hoy no morirán nunca», y que «miles de millones de personas que ahora están muertas pronto vivirán de nuevo. Piense en el gozo de poder tener de nuevo la compañía de amigos queridos y parientes amados, oír sus voces familiares y verlos con buena salud» (página 175).
Engañadas por esta mentira en Quintana de la Serena (Badajoz) me dijeron que una mujer, que tenía a su marido en la tumba, no cerraba la puerta por la noche esperando que él se presentaría de un momento a otro.
Y en Caravaca de la Cruz (Murcia) me dijeron de otra que después de morir su marido le encargó un traje nuevo para que se lo pusiera cuando volviera del sepulcro.
¿Hay derecho a engañar así a la gente sencilla?
Los Testigos de Jehová hablan de una segunda posibilidad después de la muerte.
Pero Jesucristo nunca habló de esta segunda posibilidad, sino que siempre enseñó que la muerte fija definitivamente la suerte eterna de todos los hombres. Por eso las advertencias constantes a estar preparados: «Velad, no sabéis ni el día ni la hora ».
104,3. La resurrección no tiene nada que ver con la reencarnación del hinduismo y del budismo.
La invasión que hemos sufrido en España de predicadores de otras religiones ha ocasionado un tremendo confusionismo en muchas ideas de los católicos.
Una de ellas es la reencarnación de los muertos en un animal o en otra persona.
Esto es totalmente inaceptable para un católico.
Dice la Biblia: «Es destino de los hombres morir una sola vez». «No hay reencarnación después de la muerte».
«El NO cristiano a la reencarnación se produce ya en el primer artículo del credo».
«Esta vida es la única oportunidad que nos ha sido dada de probar si queremos o no ser amigos de Dios.
»La Divina Revelación nos asegura que esto es así; y no hay argumento de filosofía humana que nos induzca a pensar lo contrario».
Por eso el Concilio Vaticano II dice: «Terminado el único plazo de nuestra vida terrena». Es decir, no hay segunda vuelta. No hay exámenes de septiembre para los suspendidos en junio.
El hombre es esencialmente hijo de Dios, lo cual exige el poder conocerle y amarle, y esto no sería posible si se reencarnase en una rana o en un escarabajo.
Ni tampoco en otro hombre, pues cada persona es responsable de sus propias obras, y nadie puede cargar con la responsabilidad de las obras de otra persona.
Cada uno de nosotros es total y exclusivamente responsable de sus propias obras.
La responsabilidad de nuestra persona humana dura lo que dura nuestro uso de razón en esta vida entre el nacimiento y la muerte.
Ni estamos nosotros pagando los pecados de otros, ni nadie pagará los pecados de los que sólo nosotros somos responsables.
«El ADN nos asegura que cualquier individuo es diferente de todos los demás».
Cada persona humana tiene su ADN particular y distinto de todas las demás personas de la humanidad.
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