En la Iglesia hay una vida sobrenatural, que se llama gracia
La vida sobrenatural
41. En la Iglesia hay una vida sobrenatural, que se llama gracia
41,1. La Iglesia fundada por Jesucristo no es solamente una familia visible. En ella hay una vida interior, invisible, sobrenatural, divina, que comunica el mismo Jesucristo.
Dios Nuestro Señor hizo al hombre a su imagen y semejanza, dándole un alma espiritual e inmortal, capaz de conocerlo y amarlo, y alcanzar una felicidad proporcionada a su naturaleza. Pero, en su amor infinito, Dios ha querido llamarnos a más altos destinos. Quiso darnos la altísima dignidad de hijos suyos, y hacernos participantes de su misma felicidad en la gloria. Para esto nos une a Él en la persona divina de su Hijo hecho hombre, Jesucristo, de cuyo Cuerpo Místico somos miembros vivos.
Esta vida divina en nosotros es la gracia santificante.
Por la gracia santificante participamos de la vida divina.
Por ella Cristo vive en nosotros y nosotros vivimos en Cristo.
Cristo es quien vivifica, por la gracia, el Cuerpo de su Iglesia. Por eso dice San Pablo que Cristo es nuestra vida y que la Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo.
Cristo es la Cabeza. Todos nosotros somos sus miembros. O como Él mismo dijo con otra comparación: «Yo soy la vid y vosotros los sarmientos».
Como los sarmientos reciben la savia de la vid -y gracias a ella producen las uvas- así nosotros recibimos de Jesucristo la gracia. Es la
savia que nos hace vivir una vida sobrenatural, de la misma manera que nuestra alma vivifica nuestro cuerpo y le da vida natural.
«Es algo así como cuando se hace un injerto. Estamos injertados en Cristo.
Como dijo Juan Pablo II a los jóvenes en Polonia: «La Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo, porque es el cuerpo social de Jesucristo».
41,2. La doctrina del Cuerpo Místico tiene enorme importancia en orden a la valoración de nuestros actos.
El barrido de una calle realizado por un empleado de la Limpieza Pública que está en gracia de Dios, tienen incomparablemente más valor que la conferencia de más altura científica que sólo puede ser entendida por media docena de hombres en el mundo, pero pronunciada por un sabio que no está en gracia de Dios.
La razón es que las acciones de los hombres que no están en gracia de Dios, aunque tengan su valor, como enseña el Vaticano II, no rebasan los límites de lo humano. En cambio, cuando un hombre está en gracia de Dios es miembro del Cuerpo Místico de Cristo, y entonces sus obras, por sencillas que sean, pertenecen a un plano sobrenatural, infinitamente superior a todo lo humano.
Si esto se conociera más, ¿quién viviría en pecado mortal?
Cada uno de nosotros es una célula del Cuerpo Místico de Cristo. Con nuestra virtud colaboramos a su vitalidad. Con nuestros pecados, además de convertirnos en células muertas, entorpecemos la vida de las otras células, nuestros hermanos. Somos células cancerosas.
Al Cuerpo Místico de Cristo pertenecemos todos los que estamos en gracia de Dios. «Incluso los que están de buena fe, buscando la verdad, aunque no se llamen católicos, forman parte del alma de la Iglesia».
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