80 SEMANA IV - VIERNES - Hora Intermedia
V IERNES DE LA S EMANA IV Hora intermedia
T ERCIA, S EXTA, N ONA
V. Dios mío, ven en mi auxilio. R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya. H IMNO I El trabajo, Señor, de cada día nos sea por tu amor santificado, convierte su dolor en alegría de amor, que para dar tú nos has dado. Paciente y larga es nuestra tarea en la noche oscura del amor que espera; dulce huésped del alma, al que flaquea dale tu luz, tu fuerza que aligera. En el alto gozoso del camino; demos gracias a Dios, que nos concede la esperanza sin fin del don divino; todo lo puede en él quien nada puede. Amén. II Sólo para Nona: Se cubrieron de luto los montes a la hora de nona. El Señor rasgó el velo del templo a la hora de nona. Dieron gritos las piedras en duelo a la hora de nona. Y Jesús inclinó la cabeza a la hora de nona. Hora de gracia, en que Dios da su paz a la tierra por la sangre de Cristo. Levantaron sus ojos los pueblos a la hora de nona. Contemplaron al que traspasaron a la hora de nona. Del costado manó sangre y agua a la hora de nona. Quien lo vio es el que da testimonio a la hora de nona. Hora de gracia, en que Dios da su paz a la tierra por la sangre de Cristo. Amén.
S ALMODIA Ant. 1. Mucha paz tienen, Señor, los que aman tus leyes. Salmo 118, 161-168 XXI (Sin) Los nobles me perseguían sin motivo, pero mi corazón respetaba tus palabras; yo me alegraba con tu promesa, como el que encuentra un rico botín; detesto y aborrezco la mentira, y amo tu voluntad. Siete veces al día te alabo por tus justos mandamientos; mucha paz tienen los que aman tus leyes, y nada los hace tropezar; aguardo tu salvación, Señor, y cumplo tus mandatos. Mi alma guarda tus preceptos y los ama intensamente; guardo tus decretos, y tú tienes presentes mis caminos. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Ant. Mucha paz tienen, Señor, los que aman tus leyes. Ant. 2. En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo. Psa 132 Felicidad de la concordia fraterna Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios (1Jn 4:7 ) Ved qué dulzura, qué delicia, convivir los hermanos unidos. Es ungüento precioso en la cabeza, que va bajando por la barba, que baja por la barba de Aarón, hasta la franja: de su ornamento. Es rocío del Hermón, que va bajando sobre el monte Sión. Porque allí manda el Señor la bendición: la vida para siempre. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Ant. En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo. Ant. 3. Defiéndeme de la mano perversa, Señor Dios, mi fuerte salvador. Psa 139:2-9 .Psa 139:13-14 Tú eres mi refugio El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los pecadores (Mat 26:45 ) Líbrame, Señor, del malvado, guárdame del hombre violento: que planean maldades en su corazón y todo el día provocan contiendas; afilan sus lenguas como serpientes, con veneno de víboras en los labios. Defiéndeme, Señor, de la mano perversa, guárdame de los hombres violentos, que preparan zancadillas a mis pasos. Los soberbios me esconden trampas; los perversos me tienden una red y por el camino me colocan lazos. Pero yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios»; Señor, atiende a mis gritos de socorro; Señor Dios, mi fuerte salvador, que cubres mi cabeza el día de la batalla. Señor, no le concedas sus deseos al malvado, no des éxito a sus proyectos. Yo sé que el Señor hace justicia al afligido y defiende el derecho del pobre. Los justos alabarán ni nombre, los honrados habitarán en tu presencia. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Ant. Defiéndeme de la mano perversa, Señor Dios, mi fuerte salvador.
T ERCIA L ECTURA BREVE Rom 12:17 a. Rom 12:19-21 No devolváis a nadie mal por mal; porque dice el Señor en la Escritura: «Mía es la venganza, yo daré lo merecido.» En vez de eso, si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber: así le sacarás los colores a la cara. No te dejes vencer por el mal, vence al mal a fuerza de bien. V. La misericordia del Señor dura siempre. R. Su justicia para los que guardan la alianza. O RACIÓN Señor Jesucristo, que a la hora de tercia fuiste llevado al suplicio de la cruz por la salvación del mundo, ayúdanos a llorar los pecados de la vida pasada y a evitar las faltas en lo porvenir. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
S EXTA L ECTURA BREVE 1Jn 3:16 En esto hemos conocido el amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos. V. Dad gracias al Señor porque es bueno. R. Porque es eterna su misericordia. O RACIÓN Señor Jesucristo, que, a la hora de sexta subiste a la cruz por nuestra salvación, mientras las tinieblas envolvían al mundo, concédenos que tu luz nos ilumine siempre, para que, guiados por ella, podamos alcanzar la vida eterna. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
N ONA L ECTURA BREVE 1Jn 4:9-11 En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados. Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. V. Fíjate, oh Dios, en nuestro Escudo. R. Mira el rostro de tu Ungido. O RACIÓN Señor Jesucristo, que, colgado en la cruz, diste al ladrón arrepentido el reino eterno míranos a nosotros, que, como él, confesamos nuestras culpas, y concédenos poder entrar también, como él, después de la muerte, en el paraíso. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
C ONCLUSIÓN V. Bendigamos al Señor. R. Demos gracias a Dios.
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