62 SEMANA III - SÁBADO - Laudes
S ÁBADO DE LA S EMANA III Oración de la mañana
L AUDES
V. Dios mío, ven en mi auxilio. R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya. Esta invocación inicial se omite cuando las Laudes empiezan con el . H IMNO Al filo de los gallos, viene la aurora; los temores se alejan como las sombras: ¡Dios, Padre nuestro, en tu nombre dormimos y amanecemos! Como luz nos visitas, Rey de los hombres, como amor que vigila siempre de noche; cuando el que duerme, bajo el signo del sueño, prueba la muerte. Del sueño del pecado nos resucitas, y es señal de tu gracia la luz amiga. ¡Dios que nos velas! Tú nos sacas por gracia de las tinieblas. Gloria al Padre, y al Hijo, gloria al Espíritu, al que es paz, luz y vida, al Uno y Trino; gloria a su nombre y al misterio divino que nos lo esconde. Amén.
S ALMODIA Ant. 1. Tú, Señor, estás cerca, y todos tus mandatos son estables. Salmo 118, 145-152 XIX (Coph) Te invoco de todo corazón: respóndeme, Señor, y guardaré tus leyes; a ti grito: sálvame, y cumpliré tus decretos; me adelanto a la aurora pidiendo auxilio, esperando tus palabras. Mis ojos se adelantan a las vigilias, meditando tu promesa; escucha mi voz por tu misericordia, con tus mandamientos dame vida; ya se acercan mis inicuos perseguidores, están lejos de tu voluntad. Tú, Señor, estás cerca, y todos tus mandatos son estables; hace tiempo comprendí que tus preceptos los fundaste para siempre. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Ant. Tú, Señor, estás cerca, y todos tus mandatos son estables. Ant. 2. Mándame tu sabiduría, Señor, para que me asista en mis trabajos. Cántico Sb 9, 1-6. 9-11 Dame, Señor, la sabiduría Os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente... ningún adversario vuestro (Luk 21:15 ) Dios de los padres y Señor de la misericordia, que con tu palabra hiciste todas las cosas, y en tu sabiduría formaste al hombre, para que dominase sobre tus criaturas, y para regir el mundo con santidad y justicia, y para administrar justicia con rectitud de corazón. Dame la sabiduría asistente de tu trono y no me excluyas del número de tus siervos, porque siervo tuyo soy, hijo de tu sierva, hombre débil y de pocos años, demasiado pequeño para conocer el juicio y las leyes. Pues, aunque uno sea perfecto entre los hijos de los hombres, sin la sabiduría, que procede de ti, será estimado en nada. Contigo está la sabiduría, conocedora de tus obras, que te asistió cuando hacías el mundo, y que sabe lo que es grato a tus ojos y lo que es recto según tus preceptos. Mándala de tus santos cielos, y de tu trono de gloria envíala, para que me asista en mis trabajos y venga yo a saber lo que te es grato. Porque ella conoce y entiende todas las cosas, y me guiará prudentemente en mis obras, y me guardará en su esplendor. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Ant. Mándame tu sabiduría, Señor, para que me asista en mis trabajos. Ant. 3. La fidelidad del Señor dura por siempre. Psa 116 Invitación universal a la alabanza divina Los gentiles alaban a Dios por su misericordia (cf. Rom 15:9 ) Alabad al Señor, todas las naciones, aclamadlo, todos los pueblos. Firme es su misericordia con nosotros, su fidelidad dura por siempre. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Ant. La fidelidad del Señor dura por siempre.
L ECTURA BREVE Phi 2:14-15 Cualquier cosa que hagáis, sea sin protestas ni discusiones: así seréis irreprochables y límpidos, hijos de Dios sin tacha, en medio de una gente torcida y depravada, entre la cual brilláis como lumbreras del mundo.
R ESPONSORIO BREVE R . A ti grito, Señor: * Tú eres mi refugio. A ti grito, Señor: tú eres mi refugio. V . Y mi lote en el país de la vida. * Tú eres mi refugio. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. A ti grito, Señor: tú eres mi refugio.
C ÁNTICO EVANGÉLICO Ant. Ilumina, Señor, a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte. Benedictus Luk 1:68-79 El Mesías y su Precursor Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas. Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán. Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días. Ya ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Ant. Ilumina, Señor, a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte.
P RECES Invoquemos a Dios, que colocó a María, madre de Cristo, por encima de todas las criaturas celestiales y terrenas, diciendo con filial confianza: Mira a la Madre de tu Hijo y escúchanos. Padre de misericordia, te damos gracias porque nos has dado a María como madre y ejemplo; santifícanos, por su intercesión. Tú que hiciste que Maria meditara tus palabras, guardándolas en su corazón, y fuera siempre fidelísima esclava tuya, por su intercesión, haz que también nosotros seamos, de verdad, siervos y discípulos de tu Hijo. Tú que quisiste que Maria concibiera por obra del Espíritu Santo, por intercesión de María, otórganos los frutos de este mismo Espíritu. Tú que diste fuerza a Maria para permanecer junto a la cruz, y la llenaste de alegría con la resurrección de tu Hijo, por intercesión de Maria, confórtanos en la tribulación y reanima nuestra esperanza. Concluyamos nuestras súplicas con la oración que el mismo Señor nos enseñó: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.
O RACIÓN Oh Dios, fuente y origen de nuestra salvación, haz que, mientras dura nuestra vida aquí en la tierra, te alabemos incesantemente y podamos así participar un día en la alabanza eterna del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.
C ONCLUSIÓN V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. R. Amén.
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